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Familia de Carlos Le-Fort

Genealogia Benavides
Principal   

 

ANECDOTARIO GARIPAUCHO

 

Los matusalenes de antaño, que antes los había en Rengo abundantes y variados, solían juntarse por las tardes bajo los frondosos y gigantescos árboles de la Plaza de Armas, para entregarse a una charla salpicada de tradiciones y hacer más llevadera las horas vespertinas, que siempre son tan pesadas en todo pueblo chico.

Al hilvanar en estas páginas las que recuerdo, para que ellas no sean aventadas por el olvido, se reduce únicamente esta publicación, la que con todo cariño dedico a la memoria de mi padre

 

ANECDOTARIO GARIPAUCHO

QUE SE TIRE EL CORDELITO PARA TODOS

Era Notario y Conservador de Rengo, don Rafael Cruz Díaz y en una ocasión fue llamado para ir a hacerle el testamento a don Ramón Antonio Arias, antiguo dueño del Fundo Ariana, en Lo de Lobo.

Como los herederos eran numerosos y no todos estaban presentes, aprovechando esta circunstancia y la de haber quedado afónico el enfermo, quisieron los presentes mejorarse en cuanto fuera posible. Cuando llegó el Notar io le advirtieron que el enfermo, como no podía hablar, solo por señas contestaría a las preguntas que el mismo había escrito en un pliego que le presentaron. A cada pregunta que le hacia el Notario, de las escritas en el memorándum, el moribundo hacia una genuflexión de cabeza asintiendo en ello. Cuando ya no quedaba pregunta por hacer, el Notario les advirtió que faltaba la principal, y es la siguiente: ¿Es también vuestra voluntad que al Notario se le pague como honorario por este testamento, la suma de diez mil pesos?.

Como viera que la cabeza no se movía, el Notario agregó:

" O se tira el cordelito para todos, o no se tira para nadie ".

Y los herederos, antes de perderlo todo, acordaron darle el ultimo tironcito al cordel que movía la cabeza del que ya era difunto, y de esta manera, cuenta el Notario, obtuve el honorario mas subido por un testamento, de que haya memoria en Rengo.

 

LE VOLTEO UNA VACA

Así le dijo don Joaquín Granifo a su amigo don Salvador Escobar, una vez que lo invitó para que fuera a su Fundo "La Viña". Don Salvador formó una patota y cierto día se dejaron caer en "La Viña", y al llegar le dijo a don Joaquín: Aquí vengo con estos amigos y espero que cumplas tu palabra. En el acto, agregó don Joaquín y pasemos al corral para que tu mismo elijas.

Llegados al corral, don Salvador indicó una vaquilla alazana, la que en menos de lo que canta un gallo, los vaqueros dieron con ella en tierra. Vamos ahora a lavar la olla al comedor, mientras preparan el almuerzo, dijo el dueño de casa.

Cuando llegó la hora de ir a la mesa y los visitantes acuparon sus respectivos asientos, don Salva le dijo a la señora Eumelia, la dueña de casa: No se olvide comadre, que las chabelas de la vaca recién volteada, son las únicas presas que me agradan.

-Pero si la vaca ya está en el potrero, le dijo riendo don Joaquín, pues el compromiso fue solo de voltearla!!!

Y CON TRES PAPELES

Era Gobernador de Caupolicán don Alejandrino Trujillo y en una noche de invierno tenía invitados a cenar a varias familias del pueblo, porque en aquellos años lejanos existía sociabilidad en el pueblo, y sus habitantes no vivían como ahora, en que el esposo sólo se visita con su propia mujer y con ella discute todos los asuntos del día, vulgo pelambres.

En mitad de la fiesta el tiempo se descompuso y comenzó a llover, siendo necesario prolongar la tertulia mientras el cielo se limpiaba de nubarrones, y por eso a cada instante las señoras preguntaban a todo el que salía y volvía al salón: "¿se limpió?

El Gobernador Trujillo que era muy bonachón, sintió retorcijones de barriga y tuvo que salir para hacer, algo que ni el secretario podía hacer por él. Cuando regresó al salón, las señoras que ya estaban impacientes con un tiempo tan variable, apenas divisaron a Trujillo, le repitieron la pregunta de cajón: "¿se limpió, Gobernador?"

-Si, señoras, y con tres papeles.

 

HAY QUE PONERLOS

Don Rafael Román Ávila era un rico de Corcolén, que deseaba, como los antiguos españoles de la Colonia, reducirse a pueblo, y con tal objeto le echó los ojos a una casa que tenía don Miguel Lobos, frente a lo que es hoy el colegio de las Monjas en la calle Prat de Rengo.

Como buen huaso Colchagüino don Rafael, siempre andaba con rodeos y nunca se tiraba de frentón, pues a todo le encontraba algo anormal.

Cuando llegó el momento de tirarse el filo con don Miguel y habiéndose puesto de acuerdo en el precio, después de grandes circunloquios le dijo:

-Pero a la casa le faltan todos los vidrios.

-Claro hay que ponerlos.

-Entonces, no me diga más. Trato hecho.

Se firmaron las escrituras y después de pasados algunos días, Don Rafael se apersonó a don Miguel para decirle:

-¿Cuándo me hace poner los vidrios?

- ¿Que vidrios?

Los que hay que poner en la casa.

Esa es cuenta suya. Yo le dije, claro, hay que ponerlos, pero nunca le he dicho que yo era el obligado a ponerlos.

Y por primera vez en la vida el ladino de don Rafael fue hecho leso nada menos que por un Miguel

TACTICA MATRIMONIAL

Francisco Alejandro Fuentes, que el año 1891 acompañó al Regimiento Caupolicán en su jornada de a pié a Guayacán, en calidad de ayudante del Comandante Daniel Morán, había sido toda la vida más testarudo que un aragonés. Y como ya le conocían el lado flaco, no faltó quién se lo soplara a la que iba a ser su suegra, y que en aquellos tiempos vivía frente a la Finca Orocoipo pertenece al autor de esta anécdota.

Como el noviazgo se alargaba demasiado y no comulgaba con aquella máxima que dice: "el matrimonio ha de ser como el huevo frito, de la sartén a la boca", cierta noche lo abordó la suegra:

-Dime, Pancho Alejandro, has pensado por algún momento que yo pueda darte a Carolina por esposa. Ni en sueños lo pienses.

- Conque esas tenemos, señora; pues mañana mismo me caso.

Y en verdad, al día siguiente, por llevarle la contra a su suegra, cayó bajo el yugo del matrimonio.

La táctica me ha salido a pedir de boca; ahora voy hacer lo mismo con el otro novio de mi otra hija.

- Conque usted piensa casarse con mi hija; eso no lo verán sus ojos.

Pues si es así, señora, desde hoy no piso más su casa, y salió puerta fuera, sin que jamás volviera, dejando a la hermana de Carolina para vestir santos, pues nunca más tuvo quien le soplara a la oreja.

SI, ESTAN PODRIDOS, PATRON

Cuando a cargo de una empresa minera se encontraba en el interior de Bolivia el contratista chileno don Mariano Mayorga, se le presentó una mañana muy temprano al campamento un individuo que con insistencia solicitaba hablar con el señor Mayorga.

Le hicieron pasar y le preguntó:

-¿Qué te pasa, ñato?

- Patrón, soy chileno y como he sabido que también lo es usted, he venido a pedirle un servicio, que me ayude con un poco de dinero para continuar mi fuga, pues me acabo de arrancar del presidio.

-¿ Y por qué estabas preso? Por nada, Patrón. Estos cuicos están podridos. Apenas los toca uno con la punta de la cuchilla, se rompen y se les salen las tripas. ¡Están podridos patrón!.

LOS LAURAK BAT

Allá por los años que se han perdido en la noche de los tiempos, se estableció en Rengo la firma cuyo emblema son cuatro manos tomadas y que significan: la unión hace la fuerza. Sin embargo, para Panchote Bisquertt esas cuatro manos no querían decir otra cosa que: "Coño, el que se suelta, se jode".

En una ocasión llegó hasta la Casa Emparanza el rico hacendado de los Lingues, don José Toribio Lira y se trenzó en una charla con don Juan, que era el mayor de los Emparanza y que para conversar era temido, porque cuando tomaba la palabra, solo un terremoto lo podía cortar. El tema estaba por agotarse, cuando don Juan le dice a don José Toribio: "En esta tierra hay solo dos clases sociales; la una es la de los burros, los que se matan trabajando para ganar el pan de la existencia; y la otra la de los chanchos, que solo dan manteca después de muertos. A la primera pertenezco yo, y a la segunda, usted".

SOLO LOS BURROS NO CAMBIAN DE OPINION

Corría el año de la revolución a Balmaceda y era diputado por Caupolicán don Santiago Pérez Eastman. En cierta ocasión el diputado tuvo que exponer la situación que le había correspondido en cierto asunto por lo cual había votado afirmativamente; pero al día siguiente, cuando llegó el momento de repetir la votación por cierta circunstancia, el diputado Pérez Eastman votó negativamente. En el acto no faltó un diputado que le enrostrará el hecho de que habiendo votado antes afirmativamente, ahora resultaba votando negativamente.

-Y no sabe su señoría, le respondió incontinente don Santiago, que solo los burros no cambian de opinión.

 

LA PENSION BARATA

Lucho Bravo era un solterón empedernido y que tenía sus buenos reales, no ganados con el sudor de su frente, sino heredados de sus mayores. Vivía siempre en pensiones y para que ella le saliera más barata, buscaba la que tuviera alguna niñita, a quien después de algunos días solicitaba la venia de la madre para hacerle testamento a su favor, ya que no tenía herederos.

Con esta estratagema lo atendían a cuerpo de rey y le cobraban sumamente barato; pero como el pensionista nunca se enfermaba y la esperanza de heredarlo se desvanecía, principiaban por ponerle cara de Ogro y entonces don Lucho las paraba y se cambiaba a otra pensión donde hacía lo mismo. Y así las pensiones le salían lo más baratas que era imaginable.

EL HIPNOTIZADOR

Dos "mataperros" como llaman en el Perú a los que en Colchagua se les llama "patas mujas", se propusieron beber a costilla de los incautos y para ello acordaron un plan de operaciones.

Se dejaban caer a cualquier boliche de mala muerte, entrando Patas mujas por una puerta, y Pitutito por la otra, y mientras el primero le entablaba conversación a un Caturro, el otro se ponía a fumar un pitillo.

Patas muja iniciaba el tema de moda, el hipnotismo, haciéndose pasar por un discípulo de Yan Fu y le proponía al Caturro probárselo apostándole su botella de vinoco. Y en el acto le clavaba la vista a Pitutito y le ordenaba levantarse, acercase, alma en pena, ven a servirnos un trago, y todo lo decía con el mayor misterio, que solo lo oyera Caturro.

Con los ojos de carnero ahogado se levanta Pitutito del asiento, comenzaba a acercarse y luego, como inconsciente, les llenaba los vasos de vinoco. Entonces le soplaba la vista y Pitutito, el alma en pena, volvía a la realidad y era el primero que se empinaba el vaso de tintoco.

EL ORADOS POPULAR

Amador Ramírez tenía una barbería en Rengo, que así llaman en castellano a lo que en chileno, peluquería; pero más que acortar el pelo, se dedicaba a perorar en las reuniones públicas, a las que por ningún capítulo podía faltar.

Don Roberto Lyon se presentaba como candidato a Senador por esta región y en el patio del Hotel Comercial, ofrecía un almuerzo a sus partidarios. Ramírez acertó a pasar por allí y preguntó de lo que se trataba. Es un banquete de Lyon a sus partidarios. De allá somos, se dijo, y se colocó como San Pedro en su casa, acomodándose en una punta de la mesa. Después de atracarle a todos los guisos y ponerle embotellado, se puso de pié y comenzó a hablar de las bondades que adornaban al candidato; pero cuando quiso nombrarlo, se vio que el Orador Popular le preguntaba a su vecino: ¿ Cómo se llama el candidato?

En otra ocasión se enterraba a un hijo del Alcalde Isleño, don José Morales Cañete, y el Orador no pudo desperdiciar la ocasión y comenzó su oratoria fúnebre, diciendo: - Hoy venimos señores, a despedir los restos del difunto que acaba de morir acosado por la tisis, porque toda la familia es tísica, y no sería raro que mañana tuviéramos que venir nuevamente para acompañar los restos de ese otro hermano que veo por allí, señalándolo con la mano, porque también es tísico y le queda muy poca vida.

EL CABO PELUSA

El Largo organizó en otra ocasión una segunda excursión a Pichilemu y los Garipauchos respondieron a lo dispuesto por su capataz.

Bien provistos de comistrajos y gárgaras partieron un día en tren del ramal, y luego principiaron a hacer uso de ellas, invitando al Conductor en cada pasada, y como éstas eran tantas como las numerosas estaciones del ramal, ya a la altura de Peralillo, el Conductor no marcaba los boletos, sino les daba un tirón de orejas a los pasajeros.

Doña Polonia los recibió en su hotel en calidad de garipauchos, titulo que hizo valer el Largo como capataz de la patota, perdonándoles los almuerzos y comidas que no efectuaran en su hotel. Don Trinca había llevado un jote relleno, que era tan atorador, que bastaba una tajada para dejarlo a uno satisfecho.

Al día siguiente de la llegada se ordenó almuerzo en El Bosque y mientras el Cuque preparaba el comistrajo, el Loro, con esa suerte que siempre le acompaña, hasta en las lides eróticas, en un dos por tres le ganó cuanto llevaba el cabo Pelusa.

Pelusa interpuso reclamo al Largo, de que el Loro le había ganado con malicia. -¡Veamos el cuerpo del delito!- dijo el Largo y le trajeron el naipe. Comprendiendo que el Loro tenía plumas de más y no había derecho para desplumar al que solo tenía PELUSAS, no se sabe que mariguanzas le hizo al naipe el Largo, que renovada la brisca, entre Pelusa y Loro, ante el árbitro que era el Largo, el Cabo Pelusa recuperó con creces lo perdido, y al Loro no le quedaron ni las plumas de la rabadilla para colgarlo.

Satisfecha la venganza se ordenó un baño general a toda playa. Llamó la atención que el Largo fuera el último en tirarse al mar, pero ello tuvo después su explicación.

Cuando comenzamos a vestirnos, la ropa del Cabo Pelusa no aparecía por ninguna parte. Que alguna gaviota hambrienta se la hubiera atrapado. Alguna ola impertinente se la hubiera llevado. Todas eran conjeturas, mientras el Cabo Pelusa ya comenzaba a tiritar, pues se encontraba como Dios lo había echado al mundo, y sus compañeros de patota comenzaban a retirarse.

Naturalmente, el Largo, no podía abandonar al último desnudo sobre la solitaria playa de Pichilemu, y comenzó a despejar la incógnita; y tomando una tirilla de calzoncillo que asomaba en la arena, fue sacando una a una las prendas del Cabo Pelusa, el agradecido del Capataz de la Patota, alegaba como buen tinterillo que si no hubiera sido por el Largo, se habría convertido en piedra, pues ya no le quedaba otra cosa que hacer para recuperar su estado de hombre civilizado.

LOS GESTOS DE DON CONRADO

En el fundo La Granja de don Víctor Nicoletti estaba la fábrica de cerveza de los Wicke Hnos. , y don Conrado, que era el mayor, se gastaba una de gestos, cerrando ya su ojo, moviendo los carrillos, luego las pestañas, que a todo el mundo le hacía creer que aceptaba cuanto se le decía.

Don Toribio Labore era martillero público de Rengo y en una ocasión en que se efectuaba un remate de muebles en el pueblo, al que asistía don Conrado, en vista de los gestos que éste le hacía, le subía los precios y terminaba por adjudicarles las especies. De más está decir que el martillero tuvo que repetir el remate, cuando se impuso que don Conrado hacía gestos, no para subir y aceptar las ofertas, sino que lo hacía inconscientemente.

Como era alemán, y estos según dicen no prestan el juramento por Dios, sino por la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en vez del signo de la Cruz, levantan tres dedos de la mano derecha en forma de canastillo, así como andan las arañas por el techo, lo que entre chilenos significa cosa muy diferente.

El Juez Olavarrieta que desempeñaba en Rengo uno de los dos Juzgados que había en aquellos tiempos, llamó en una ocasión a don Conrado para que declarara en un robo de cerveza que le habían hecho en su Establecimiento, y cuando le preguntó si juraba decir la verdad, don Conrado hizo el signo que su religión le indicaba, y el Juez, creyendo que era el signo que hace el bajo pueblo para indicar que no lo están haciendo leso, creyóse ofendido y lo dejó encarcelado. Tuvo que llamarse a un abogado, quién le explicó al Juez que así era la figura de los protestantes que reemplaza a la cruz cristiana cuando se prestaba el juramento, y fue puesto en libertad.

EL LADRON ENGAÑADO

Un hermano de don Conrado era don Carlos, socio de la firma Wicke Hnos., que tenía un hermoso reloj de oro con una pesada cadena, que era todo su orgullo, pues la conservaba de sus antepasados que habían servido en los ejércitos del Káiser.

En Agosto de un año tuvo la mala ocurrencia de asistir a las bacanales de Pelequén, a donde acuden también todos los malhechores de la Capital y cuchilleros del matadero, de esos que están siempre listos para por unos pocos pesos liquidar a cualquier ser que no sea para un judío adinerado y cobarde, persona grata. Pues bien, a don Carlos le levantaron el reloj con cadena y todo, antes que lograra divisar a la Santa Milagrosa. Volvió a Rengo cariacontecido y juró vengarse del ladrón en el año próximo, en la forma que solo él sabia hacerlo.

En efecto, se buscó un reloj de esos que se les compra a los niños para juguete y con una cadena que poco le faltaba para ser de perro, se la colocó en su chaleco y partió al año siguiente para Pelenquero, el lugar de los barrizales en antaño.

Sin darse cuenta como ni cuando le levantaron otra vez la cadena y el reloj, pero don Carlos volvió a Rengo con la cara más risueña del mundo, feliz y contento, y a todos sus amigos les repetía: Hice leso al ladrón creyó que era de oro y me ha robado un reloj de pura lata.

LA LECTURA DE UN BORRON

Don Carlos Larraín Claro, el palito Larraín como le llamaban sus amigos, le ofreció a la señora del Patriarca de Rengo, traerle de la Capital la última obra de un famoso novelista muy en boga en aquellos tiempos.

No pierda su tiempo, le dijo el Patriarca a don Carlos, la Adelina es de las personas que ya han perdido también la noción de la lectura.

En verdad le replicó la señora, desde que leí la historia de tu vida, que es un borrón, he dejado de leer.

EN CONSTITUCION NO HAY MAR

El Largo organizó una patota para excursionar a las playas de Constitución y partieron un día en esa dirección. Como se nos había recomendado por baratera una pensión determinada, a ella nos dirigimos, pero al examinar los catres el Huevito del Día le dijo al Mataviejas: - Que no ve, que no ve, y sacudiendo los catres parecían pronto a desarmarse; pero lo que más fuerza hizo para no aterrizar allí, fue una escalera de difícil acceso para los que llegaran mareados o licoreados por la noche: el matasuelo nadie se lo iba a despintar.

Llegamos al Hotel Colón y una vez ubicados, el Largo con Mataviejas salieron a buscar impresiones y las encontraron al paso en un par de gaviotas que al andar zangoloteaban la rabadilla con mucho garbo. Le siguieron el paso hasta la curva donde pernoctaban, y como Mataviejas es cargado al freno y al Largo aún le restaba algo de pudor, el uno se quedó con su gaviota y el otro regresó al Hotel.

En la noche, sobre la cama, se jugó al montoncito, y a Locatelly, como el mejor perro perdiguero de la cuadrilla, se le encargó que rastreara el vinoco para acortar la noche. Como ya no era de atención al público, Locatelly fue a golpear a la pieza de la mucama, pero ésta, creyendo que iba con otras intenciones, se negó a abrirle, y regresó sin haber levantado la perdicilla.

Al siguiente día se excursionó a la Piedra de la Iglesia, se dieron un baño de mar, se almorzó en el Hotel y por la tarde se fueron a merendar unas ricas lisas asadas donde las viejas Carreño. Allí se acordaron de Mataviejas y mandaron un rodado en su busca. Luego que llegó se sirvieron las lisas y el regreso se hizo en bote por el Río Maule, para tomar al otro día el tren que debía traernos nuevamente a nuestro terruño.

Cuando llegamos a la estación de Rengo, el Tomateche le dijo a Mataviejas: - ¿Cómo fue que no te ahogaste en el mar?

- ¡ Pero si en Constitución no hay mar! – Y entonces intervino el Largo: - ¿ Y la gaviota que pillaste de la cola, acaso no era del mar?

CON GRINGOS NI A MISA

El chacolo rosado de la Granja, que fabricaba el Gringo, tenía fama de ser el mejor en cien leguas a la redonda; por eso al Gringo le sobraban las amistades en aquellos tiempos.

Rajha Noir y el Loro, cuando se cansaban de hacer clase en el Liceo, tomaban la recta en dirección a la Granja, a la hora en que el sol ya no alumbra, allí, al pié de la vaca, cantaban en coro aquella canción que dice así: entre ponerle y no ponerle, más vale ponerle...y bien tupido!

En una ocasión, en que los Garipauchos se habían dejado caer en bandada, y después de pasar toda la tarde y cuando las velas ya no ardían, el Loro quiso emplumarlas, y por primera vez en su vida de choroy, buscó la puerta... callado el loro! Pero como el Gringo acostumbraba dejarla siempre con llave, el Loro no pudo salir, y fue entonces cuando se acordó que si alas no tenía, en cambio sus garras de algo podían servirle, y comenzó a escalar la alta reja que da a la calle Condell.

Y cuando el Loro ya había logrado su intento, encimando la reja, sintió un disparo de revólver y oyó que el Gringo le gritaba: -Dónde va ese Loro, saliéndose de la jaula ¿

Y el Loro, conociendo como es el Gringo, cuando ya comienza con su característico runrún, no tuvo más que bajarse por donde mismo había subido, pues de lo contrario el Gringo lo había desplumado con el segundo disparo. Y desde entonces dice el Loro.- Con Gringos, ni a misa!.

MAGISTRADO MODELO.

Don Tanislao era juez de Subdelegación de Guacarhue y tenía su estrado en su casa de la Viña, donde la vara de la justicia la dejaba caer siempre sobre el que tenía las pruebas menos convincentes.

La comparecencia de las partes se hacía oyendo primero al demandante y luego al demandado, y por último entraban ambas y los hacía ver que el valor de las pruebas presentadas ese día favorecían a una de ellas: era un par de gallinas llevadas por el demandante.

Citado para el día siguiente la otra parte aparecía llevando a los corriones un pavo, lo que hacía variar el estado de la causa ; al subsiguiente, la otra le llevaba un cordero y por último, hasta un tercero culminaba la sesión de prueba. Naturalmente que el fallo favorecía de acordeón al que había llevado la más convincente, que siempre era la de mayor precio, y entonces la vara de la justicia caía inexorable sobre el que no había podido superar al último regalito.

UN DUELO ORIGINAL

Había sido Gobernador de Caupolicán don Alejandrino Trujillo en un período anterior a la revolución a Balmaceda, y acostumbraba a quejarse siempre de que su situación se la debía a los militares que por traidores y cobardes habían perdido en Concón y Placilla.

El coronel David Marzán, que había regresado a vivir a su pueblo después de haber actuado brillantemente al frente de sus tropas tanto en la guerra de 79 como en la del 91, un día que lo pilló de malas pulgas la eterna muletilla del amigo Trujillo lo retó a duelo y le mandó sus padrinos.

Manuel Jovino Novoa y Tristán Gálvez, pasaron a pedirle las explicaciones del caso y Trujillo los mandó a entenderse con Manuel Antonio Morales y Fortunato Venegas. Los padrinos reunidos en cónclave estuvieron de acuerdo que este no sería un duelo sino un asesinato con premeditación y alevosía, ya que era fama que el Coronel donde ponía el ojo ponía la bala; mientras que Trujillo ni con honda había disparado nunca.

Concertadas las condiciones partieron una mañana en dirección a Limahue, el fundo de Novoa y por los cerros de la Calera Alta llegaron al Morro del Gallo, designado campo de honor en esta ocasión.

Amedes Wipple, ascendiente del actual descubridor del cometa de este nombre que nos visita, era el único extraño que estaba al tanto del duelo, y les había seguido los pasos para presenciarlo, situándose tras una pirca por precaución.

Efectuados los preliminares que establece el Código del Honor, y oídas las tres palmadas, se vio que Trujillo, antes de completar la media vuelta, había disparado su pistola y la bala estuvo a punto de herir al mirón de Wipple, que por sobre la pirca observaba la acción, y luego se le vio caer en tierra. La bala del Coronel había pasado rozando la cabeza de Trujillo y los padrinos creyéndolo herido, dieron por terminado el duelo. El Coronel y sus padrinos partieron en el acto en dirección a Limahue, mientras los de Trujillo con el Doctor buscaban afanados el impacto en el cuerpo del duelista caído, y no encontrando derrame alguno de sangre, tuvieron que convencerse que se trataba de un susto mayúsculo y esperar un cambio de pantalones, porque Trujillo, como los niños chicos, se había desgranado....!

DON PASCUAL

Fue en el régimen de las revueltas, cuando uno se acostaba sabiendo que en La Casa donde tanto se sufre, había un camarada Presidente, y cuando al día siguiente despertaba, la radio le anunciaba que a media noche le habían cortado las ligaduras del sufrimiento al Camarada Presidente, y en su lugar había otro camarada. Durante aquel régimen parecían también, de la noche a la mañana, improvisados Gobernadores, que carentes de capacidad y honestidad, llegaban a los departamentos como representantes genuinos de esos gobiernos nacidos a impulsos de bayonetas.

A Caupolicán le tocó uno de estos: perfumado o como niña bonita, que usaba guantes hasta en el calzado, y que en su coche podría faltarle bencina, pero no el espejuelo para comtemplar su rostro de Adonis acaramelado.

Como muy repentinamente había abandonado, según decía, su fundo, porque siempre todo forastero bien venido a este pueblo, nunca deja de tener fundo en otra parte, venía solo con lo encapillado y necesitaba con urgencia una ternada nueva. Como en el pueblo Don Pascual las estaba regalando, ya que solo cobraba el género, que la hechura iba de yapa, pues tenía un secreto profesional que se lo soplaron en España, antes de partir para América a hacerse rico, gracias al cual las ternadas se cosían solas, al Gobernador le dieron la nombrada y de hacha se fue a ver a Don Pascual y le ordenó que le confeccionara un terno.

Don Pascual, que sin ser casero, vendo barato, pero no aguanta loros por catas, ni gatos por liebres, y tiene unas narices que Dios le ha dado, que a los tramposos los olfatea al vuelo, le dijo al Secretario de actas: - ya sabe que aquí nada sale sino por sus propios pies, que así dicen Sonia por todo pago rabioso.

Cierto día llegó el Gobernador aprobarse la ternada, y como se trataba de una simple prueba, el Secretario, en ausencia de Don Pascual, no tuvo inconveniente para proporcionársela, y cuando se vio el Gobernador, que le quedaba a las mil maravillas, le dijo al Secretario: - Que me lleven la vieja a la Gobernación y allá arreglamos cuentas, y salió a espetaperro, antes que apareciera Don Pascual. Cuando éste llegó, le dijo su famoso Secretario: - El Gobernador se llevó la ternada. ¿Y donde está la mosca? ¡Qué mosca, si salió por sus propios pies, y la vieja aquí la tiene. Y hasta ahora sigue esperando Don Pascual que regrese la liebre y como reliquia conserva el andrajoso pero perfumado terno que le dejara la Primera Autoridad del pueblo a quien vino de España a hacerse rico en ésta América del Sur.

CARRACATATAN CATATAN

Si durante el reinado de los Reyes Católicos terminó en Vasconia la eterna discusión sobre si la angarilla para los pesados cirios que llevaban los de Alaba y Guipúzcoa a las procesiones de Vizcaya, debían ser llevados a hombros o a brazos, lucha irreconciliable en la que nadie podía quedar indiferente, pues o se era gamboíno, de gambofa que significa llevar en alto la angarilla, o se era de oñecino, de Oñez que en Guipúzcoa significa llevarla en bajo; en La Isla de Rengo aún no termina la discusión sobre si la sentencia bíblica que condenó al hombre a "ganar el pan con el sudor de su frente" se refería también a los isleños, y que en aquella época no los había ni debajo las piedras.

Y así como en las Provincias Vascongadas la afición a las excursiones marítimas hizo célebre a Sebastián Elcano, que recogió para si la gloria que anhelaba Hernando de Magallanes; en La Isla de Rengo no falta también un Turco que pretenda recoger para si la gloria de acatar con mayor fe y entusiasmo la afición a " beber corto pero tupido".

Para que termine en La Isla esta discrepancia de opiniones, haciendo el papel de Rey Español, y discierna en verdad si corresponde o no al Turco la gloria que se achaca, se ha traído a esta región, nada menos que un MONO SABIO, cogido en la selva de Machali, el que se ha instalado en uno de los sauces llorones que hay en el fundo Chavalongo, a donde acuden los que profesan el culto de "beber corto pero tupido" y no fueron condenados a "ganar el pan con el sudor de su frente".

Establecido allí el Mono Sabio ha comenzado a oír el eco que repite la rendición de cuentas que da todos los días Efraín a su Patrón, lo que servirá de encabezamiento para el sumario llamado a instruir, y que dice así:

-Efraín, ¿cuántas damajuanas ha salido hoy de la bodega?

-Cuatro, Patrón, pero no ha caído ningún pesote a la caja.

-Carracatatán catatán! el negocio está a la vista: todo a pura pérdida.

-Efraín, esa vaquilla overa que pasta en el mejor potrero del fundo, ¿qué marca tiene?

-Una Z patrón, que corresponde a un amigote de farra del Patroncito nuevo.

-¡Carracatatán catatán! con amigotes de farra no se come en este mundo.

-Efraín, ese caballito mulato que está amarrado bajo el sauce?

-Se lo pidió prestado el Turco prestamista, el Patroncito.

-¡Carracatatán catatán!, los turcos prestamistas son los que nunca dan manteca.

-Efraín, ¿cómo andan tus chicos en la escuela?

-Cantan, Patrón, por la mañana, La Canción Nacional, y por la tarde, marchas y contramarchas.

-¡Carracatatán catatán!, con marchas y contramarchas no se aprende a leer ni escribir.

Y mientras tanto, en la bodega del fundo Chavalongo, a donde acuden, los que no están obligados a ganar el pan con el sudor de su frente, el eco repite el chinchín retupido de las libaciones cortas, que hacen menos amargas las amarguras de la vida.

QUE BARROS TAN HONDOS

Guacarhue, la región de las huascas, como la consideraban los aborígenes, es una zona privilegiada por la naturaleza, pero muy dejada de la mano administrativa, debido a la distancia que la separa de su capital, que es la ciudad de los cojos: Rengo. Por este motivo los caminos eran, en antaño, intransitables, en el invierno y apenas transitables en verano.

En cierta ocasión en que el Traro, Alejandro Araneda, fue a visitar a los hermanos Feliú al fundo Santa Rosa de Tilcoco, acompañado de su hermano Rogelio y de Carlos Ojeda, después de pasar un día bien comidos y mejor remojados, pensaron en el regreso a su fundo de la Estacada. El travieso de Jovino Feliú, padre del chico Humberto, actual dueño de la propiedad, le hizo aflojar las tuercas del break en que viajaban de manera que cuando partieron, al primer barquinazo saltó fuera una rueda de atrás; luego saltó la otra, y a poco andar el carruaje se convirtió en un trineo que arrastraban cuatro fornidos percherones. La noche era obscura como boca de lobo, los pasajeros iban como cueros y los caballos arrastraban tranquilamente el carruaje que salía de un barrizal para caer en otro. Ojeda que era el menos tomado por la brisa chacolicera de las bodegas de Santa Rosalía, sacando un brazo hacia afuera del coche, vio que con él topaba el barro y le dijo al Traro: ¡Qué barros tan hondos, compadre!

MORTAL PRECAVIDO

Don Pancho Inés Díaz Muñoz, era un patriarca de Coínco que amasó una buena fortuna, y dejó una numerosa descendencia, pero era una persona que tenía ideas tan estrafalarias que bien merecen recordarlas. Nunca les permitió a sus hijas que usaran zapatón rebajado, porque el tobillo era la puerta falsa por donde penetraba el amor clandestino; en su mesa no permitía que los hombres se sentaran al lado de las mujeres, y eso que a su casa solo llegaban los que se hacían acompañar por don Luis Valenzuela Lavín, que era la autoridad del pueblo y el personaje más prestigioso de la localidad; o bien por su abogado don Tristán Gálvez. Y en una ocasión, mientras don Pancho en el dintel de la puerta, don Tristán y don Luis quedaron mirándose las caras y dándose vuelta solos, porque sus compañeras de baile, las hijas del dueño de casa, habían desaparecido del salón, pues les estaba prohibido acercarse a los hombres. En vida se mandó levantar su propia estatua que se alza en el hospital que él donara a su pueblo; y como si esto fuera poco, en vida, también se mandó hacer la urna que debía guardar sus huesos después de su muerte, la conservaba bajo su lecho en su propio dormitorio; y por si lo enterraban vivo, tuvo la precaución de hacerle poner un timbre eléctrico, para llamar al panteonero que lo despertara de la muerte!

SE COMPRA UN MACHO

Kaifás necesitaba comprar un macho para el servicio de la Compañía Eléctrica de la que era gerente, y el Gringo que le oyó la pregunta que a todos les hacía en el mesón de un boliche, de esos que tanto abundan en ésta como en todos los pueblos, le dio la buena nueva de que Don Rosa vendía uno, aunque era de lo más mañoso en el montar Kaifás no se demoró ni un Jesús en llegar a la barraca de don Rosa y voz ronca, porque entonces roncaba, hizo la pregunta al propio don Rosa:

-¿Es verdad que Ud. vende un macho?

-¡Claro que me vendo. Le contestó, pero tiene que llevarse la pareja, pues la mulita no puede quedarse sola. A ver Celedonia, acércate para que cotice el Kaifás.

Y el Kaifás, ignorando que a don Rosa le llamaban el macho y este por no haber tenido descendencia llamaba mula a su mujer, comprendió la broma del Gringo y se retiró todo amostazado, pidiendo disculpa a don Rosa.

LECCION AL PIE DE LA LETRA

Tanislao debía demostrar su gran cultura, y con tal objeto recibió de su padre la primera lección del protocolo social: "cuando se llega a un salón repleto de toda clase de gente hay que saludar por orden: el primer saludo para la señora dueña de casa, el segundo saludo para el esposo de la dueña de casa, el tercero para las señoras casadas; el cuarto para los señores casados; el quinto para las señoritas solteras; el sexto para los jóvenes solteros, y luego, con paso firme y seguro, se atraviesa el salón y se toma el primer asiento desocupado que esté más a la mano"

Llegó el día de Santa Nicolasa, y así se llamaba la madre de la chicuela más simpática de La Viña, no tanto por el físico como por los pesotes que llevaba a la cola; y don Pancho, acompañado de su buen Tanislao, se lanzó a la casa de la rica heredera.

El patio repleto de caballos ensillados indicaba bien a las claras que nadie, en 10 leguas a la redonda, se había quedado sin venir a saludar a la Nicolasa.

El salón estaba de bote en bote cuando aparecieron por la puerta principal don Pancho con su incomparable hijo Tanislao.

Desde la escuela Tanislao había tenido el defecto de aprenderlo todo al pié de la letra, y en ésta ocasión, debía serle desgraciada esta maldita costumbre.

Don Pancho, después de saludar a todos sus conocidos, tomó asiento al lado del dueño de casa. Este fue el momento que aprovechó Tanislao, y dando un fuerte grito, para imponerse a la bulla de la conversación, exclamó desde la puerta: "Mi primer saludo es para la señora de casa, y hacía una gran reverencia; el segundo saludo para el esposo de la dueña de casa, y acompañando al dicho una gran genuflexión, continuaba: mi tercer saludo para las señoras casadas; mi cuarto saludo para los caballeros casados; el quinto para las señoritas solteras; el sexto para los jóvenes solteros, y luego con paso firme y seguro, atravieso el salón y me voy a sentar al lado de la vieja Nicolasa".

"Húndete cordillera" alcanzó a exclamar don Pancho, antes que una estruendosa carcajada, apagara el postrer saludo del incomparable Tanislao....

DISCURSO IMPROVISADO

Tanislao debía demostrar también su talento oratorio para tener opción a la mano de una rica heredera de la comarca, y con tal objeto le dio su padre un discurso escrito para que lo aprendiera de memoria.

A los pocos días ya Tanislao se lo sabía como el agua y a la hora de la comida lo repetía diariamente, encaramado sobre la ventana del repostero.

El tiempo corría con la rapidez acostumbrada cuando hay algo de que ocuparse, y llegó el día de San Ramón, en el cual se echaba la casa por la ventana en celebración del onomástico del padre de la simpática heredera.

A cumplimentarlo llegaron cuanto tenía de más selecto el antiguo valle de Guacarhue, y cuando llegó el momento de quitarle a los pavos asados las ramas de apio con que le adornan el pico, se levanta de su asiento don Francisco, el papá de Tanislao y dijo:

"En este día solemne, es necesario que todos y cada uno de nosotros improvisemos un par de frases para demostrar el aprecio que tenemos por nuestro querido y gran amigo el anfitrión". Y diciendo y haciendo se expresó con soltura y elegancia, y mereció de la concurrencia una andanada de aplausos. Cuando se hizo un poco de silencio, volvió a decir: -"A ver, hijo, ahora te toca a ti. Improvisa cuatro palabras en honor de mi amigo".

Tanislao, con aire ceremonioso y dando una mirada de reojo a la chicuela, para pedirle inspiración se levanta de su asiento, y copa en mano, se dirige a los comensales en los siguientes términos:

"Los grandes pueblos forman los grandes hombres"...no..."Los grandes hombres son los que forman los grandes pueblos"...no..."Los grandes pueblos son los que forman los grandes hombres"...tampoco..."Son los grandes hombres los que forman los grandes pueblos"...y dándose fuertes palmadas en la frente repetía una y otra vez la misma frase, sin poder atinar, si eran los grande pueblos los que formaban a los grandes hombres, o eran éstos los que formaban a aquellos.

Cuando ya se hacía insostenible la situación de Tanislao, y la concurrencia cansada de oír la misma frase ya rompía con una estruendosa carcajada, se oye la exclamación de don Pancho:

-"¡Buena cosa de hijo bruto es el que tengo! por fortuna no ha sido más que uno".

-"Pero como quiere pues, papá, le contesta Tanislao, si hace apenas seis meses que la aprendí a IMPROVISAR, y así quiere que no me equivoque".

A TREN PARADO

Regresaba a Rengo don Bayer, después de una prolongada excursión por las regiones sureñas y naturalmente para acortar la distancia no había más remedio, entre ponerle y no ponerle, que ponerle bien tupido. El Culebrón que venía en la patota ya se sentía mareado, no solo con el vaivén del tren y no quería ponerle; pero don Bayer encontró la solución y encaramándose sobre un asiento le dio un fuerte tirón al alambre de la campanilla y en el acto el tren se detuvo. Por la puerta delantera del carro aparecía el conductor que en alta voz preguntaba:

-¿Quién tocó la campanilla?

Don Bayer alzó también la voz y le respondió

-Yo señor. –¿Y que le pasa? –Nada señor, sino que quería tomar un trago a tren parado con el amigo Culebrón, que no lo puede hacer sobre andando.

-Pero la detención le cuesta trescientos pesos.

-Eso qué importa?, Aquí los tiene, pero me doy el gusto de hacerlo con mi amigo y con usted si nos acompaña.

Y toda la patota se puso de pié para empinarse el trago a la salud de don Bayer, sin perder una gota, porque el tren estaba detenido.

LA HORMA DE SUS ZAPATOS

El Caturro tenía que hacer notificar a un panquehuino y buscó para ello a Patasmujas. Cierto día se detuvo a las puertas de la casa de Caturro un auto con tres pasajeros, y de él se bajó Patasmujas para comunicarle que ya venía a hacer la diligencia y que a la vuelta lo esperara con almuerzo para tres.

El Caturro le hizo echar más agua a la cazuela y esperó tranquilo el regreso de Patasmujas con sus dos amigos.

Serían las doce cuando se detuvo de regreso el auto y de él descendieron los tres personajes anunciados.

-Adelante, que el almuerzo está servido.

Y pasando al comedor se sirvieron todo lo poco que les tenía el Caturro. Una vez terminada la merienda, Patasmujas le dice al Caturro:

-La notificación está hecha, solo falta pagar el kilometraje recorrido para efectuarla. Son tantos kilómetros de venida y tantos de vuelta, en total tantos pesos.

Conforme, le dice el Caturro, pero descontemos tantos pesos por su almuerzo, y tantos por el de sus dos amigos y la cuenta resulta tin con tan.

Y por primera vez en el desempeño de su cargo el Patasmujas se encontró con la horma de sus zapatos, haciendo una notificación gratuita.

EL DISCURSO DE LAS COMPRENSIONES

Es muy corriente, aún en los tiempos actuales, oír discursos que con pequeñas variaciones se van repitiendo cada vez que se presenta la ocasión, por el mismo personaje que se siente macanudo cuando se lo enchufa al público. -Que falleció un bombero, un político de arrabal, o un jugador de fútbol, basta con cambiar los términos e intercalar el que correspondo al finado.

El doctor Morales Labarca, que fue decano de los cuchilleros renguinos en el siglo pasado, pues su bisturí era el que más sangre hacía correr en el Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad, era el orador indispensable en toda comilona que se efectuara para festejar a cualquier forastero, bien o mal venido, de esos que llegan al pueblo con las maletas vacías pero con el bagaje de malas costumbres notariales; o bien cuando algún finado deseaba dormir el sueño eterno como los coltrahues, en los pozos artesianos del cementerio de la calle Ciprés.

En cierta ocasión en que correspondió al doctor Morales levantarse de su asiento para despedir a un pelafustán que las emplumaba del pueblo, su compadre, el abogado don Ramón Torrealba, le dice: Compadre, si vas a repetirnos el discurso de las comprensiones, ese que dice así: Señores, es necesario que nos comprendamos, porque comprendiéndonos, quedaremos todos comprendidos -–ue como ves ya lo sabemos de memoria, es mejor que te sientes. Entonces me sentaré, porque no sé ningún otro,- y se quedó tan tranquilo como si nada hubiera pasado.

LA TORTILLA DEL LORO

Un grupo de Garipauchos encabezados por el Largo se dirigieron en una ocasión a Pichilemu, y en una de las estaciones del ramal subió un comerciante en huevos, el que comenzó a repartir los canastos debajo de los asientos de los pasajeros de tercera, tocándole uno al que ocupaban los Garipauchos. Inmediatamente el Largo dio la orden de que por lo menos, cada Garipaucho, debía atrapar su par de huevos del canasto que tenían debajo del asiento, que por providencia divina, estaba tan a la mano. Don Fruta dio el ejemplo y le siguieron en el uso indebido de adueñarse de lo ajeno, el Toma Leche, don Wenche, Filuca, el Gringo, Locatelly y otros más.

Al llegar al hotel en Pichilemu, cada Garipaucho dejó su par de huevos sobre una de las camas, en la pieza que iban a ocupar. En esto llegó el Loro a visitarnos, que se encontraba veraneando hacía días, y mientras los niños se aseaban un poco, el Loro, como quien no quiere la cosa, se echó en los bolsillos de su flamante dominguero, un par de huevos a cada lado, y las emplumó.

Cuando vuelve el Largo a inspeccionar el campamento, en el acto echó de menos los cuatro huevos que se había llevado el Loro y preguntó: ¿Quién ha estado aquí?. El Loro, le contestaron. Y es posible que un Loro le robe los huevos al águila; y salió en su busca. Al divisarlo en la esquina de la calle, se le va encima, con grandes abrazos, y lo palmotea a su gusto por todas partes. En vano el Loro quería evadir las muestras de aprecio de su amigo el Largo, porque ya era tarde, pues la tortilla estaba hecha y de los bolsillos del dominguero del Loro chorreaban los huevos que era un contento.

EL CABEZA DE CEBOLLA

Había sido profesor de historia en un Liceo de la Capital, donde dicen que estudió Cacerola, cuando podía estudiar; y como buen profesor secundario había acumulado trienios y gratificaciones que no sabía en que invertir tanto dinero mal ganado.

Como el candidato a senador radical don Alfredo Piwonka, tuvo la mala idea de no aceptar la candidatura radical a diputado de don Samuel Trénova, que holgadamente habría triunfado en Caupolicán, donde el regionalismo es la mejor espada en las campañas políticas de esta zona; los sanfernandinos propusieron la de Cabeza de cebolla, y llegaron una tarde a Rengo para organizar un comité de propaganda.

Locatelly fue designado tesorero y recibió dos mil pesos para propaganda del nuevo candidato, ya que Cacerola era el único guacho legítimo, era también el único que lo conocía en la región de los huasos. No doblaban todavía la esquina de la Plaza para regresar a San Fernando los organizadores de esta candidatura, cuando Cacerola propuso iniciar en el acto la propaganda; y al efecto se ordenó una suculenta comida donde el Tío Cuadra, y se tocó el cencerro que anunciaba una comida gratis. Naturalmente los Garipauchos concurrieron en masa y la mesa se completó con todos los panquehuinos que forman la gran fuerza electoral de Cacerola, cacique de la región de los pangues.

Sin que Locatelly se diera cuenta, en el momento del pago Cacerola, siempre estaba a su lado y le llevaba la cuenta en la uña. Al día siguiente desde temprano sonaba el cencerro de la propaganda y principiaban a juntarse Rajha Noir, Mataviejas, Filuca, Tarugo, Pollo Fiambre, el Loro Chancho Seis, que unidos a otros numerosos simpatizantes del candidato, en menos de lo que canta un gallo, dieron cuenta de los fondos dejados para su propaganda, y así lo hizo saber Locatelly al Comité.

Pero Cacerola, aunque siempre se ha demostrado muy lerdo en achaques de cuentas, esta vez se demostró muy saltón pues dijo: "Aún te quedan doscientos veinticinco" y estos quedarán para gárgaras exclusivas del Comité", y como se pensó se hizo.

Cuando llegó el día de la votación, Cabeza de Cebolla apenas sacó los votos del Comité de Propaganda, porque según Cacerola, las municiones se concluyeron tan pronto, que no alcanzaron sino para convencer al Comité y no para asegurar el triunfo del que solo fue un simple candidato a Diputado. A la postre, el único ganancioso en esta campaña, porque en su boliche quedaron los dos mil pesos de Cabeza de cebolla, fue el Tío Cuadra.

CALDO GRUESO

Haciendo valer atropellos de vez en cuando en Coínco mantuvo a rayas al elemento conservador, con tan solo un par de pacos improvisados que llevó desde Rengo, la noche antes de la elección; la de tener una prole nada mal parecida, pero sí muy numerosa, Caldo Grueso pudo conseguir una espléndida recomendación en el Gobierno de los más capaces y obtener una pega en Illapel.

Partió un día en el longitudinal y apareció en Illapel convertido en un gran funcionario: contador de los Lavaderos de Oro. Le entregaron los libros, balanzas y todo lo indispensable para aquilatar el oro.

Caldo Grueso, que solo había visto el oro en las tapas de algunos relojes, y que de contar solo sabía hasta un ciento, miró estupefacto los infolios que debía abrir y se arrojó en un diván de la oficina.

-¿Que le pasa amigo? le dijo el Gerente al regresar un rato después.

-¡Qué me ha de pasar! cuando me encuentro metido en un berenjenal, que no sé como salir de él. A decir verdad, yo creía que se trataba de contar papas y de lavar algunas piedras que tuvieran oro. Pero esto de garabatear en esos infolios y pesar estos polvitos amarillos, es algo que no estaba en mis libros

-Veamos un Doctor para que recete algo.

-Eso, mismo estaba pensando,- y Caldo Grueso partió con el Gerente en busca de un médico.

-¿Qué siente, amigo? le dijo el facultativo.

-El clima de Illapel me ha desconocido y la vista se me ha acortado al extremo de no distinguir los números, y antes de embarrarla quiero pedir mi traslado.

El doctor hizo algunas cifras que Caldo Grueso las cambiaba por otras, de ahí que no tuviera empacho para certificar que de continuar en Illapel el Contador de los Lavaderos de oro, su bofe reventaría a corto plazo.

Con documento tan preciso pidió cambio de pega, por exigirlo su salud y el Gobierno de los capaces, para no perder esta lumbrera, lo llevó a Colchagua de asesor jurídico en una repartición pública.

EL CABRIOLE DE DON SALVA

En una casucha de madera que existía para guardar las herramientas en el parque del fundo Las Nieves, en Popeta, pernoctaba don Salva, hermano del propietario, que por sus rarezas lo consideraban con el juicio perdido, siendo que en realidad está comprobado que los locos tienen mejor juicio que los tontos, según lo asegura Locatelly. Cuando tenía que bajar a Rengo siempre lo hacia en cabriolé de dos asientos y no le gustaba hacerse acompañar por nadie. En una ocasión que por necesidad tuvo que detenerse en la Escuela de El Baluarte, la señora madre de la profesora le pidió a don Salva que por favor la llevara a Rengo, pues tenía urgencia en bajar al pueblo.

-Con mucho gusto, señora, le dijo don Salva, pero aguántese un poquito mientras voy a la herrería de don Talo, y dando vuelta entró al fundo El Baluarte y le pidió al herrero una sierra. En menos que canta un gallo aserruchó el asiento del cabriolé partiéndolo por mitad y arrojando lejos la parte cortada. Y volviendo a la Escuela le dijo a la señora, que ya lista se encontraba para subir al cabriolé.

-Suba ahora señora, que ya podemos partir.

-Pero donde voy a sentarme cuando su cabriolé solo tiene un asiento.

-Lo mismo digo yo, pero mi voluntad era grande y mi mayor deseo habría sido bajar a Rengo en su compañía, pero ya que no se puede... hasta más ver, señora, don Salva partió solo en su cabriolé, que desde aquel día dejó de tener dos asientos y se vio libre de compromisos en sus viajes al pueblo.

SE ME DA VUELTA EL MUNDO

Mallohue, la tierra del Sol Pintado, donde la Tralana y el Nunco se convirtieron en piedras por mirar hacia atrás, es por muchos conceptos digno de figurar en este Anecdotario Garipaucho.

Entre sus hombres productos de esa comarca, se cuenta a José Miguel Cabrera, leguleyo titulado en la Universidad de Bello, que durante muchos años desempeñó en Rengo su profesión, aunque en su bufete penaban las ánimas más que los clientes.

En donde se alza hoy día el palacete del Liceo, existía en antaño un ruinoso edificio con piezas que daban frente a la Plaza de Armas; en una de ellas pernoctaba el abogado Cabrera. Como en la esquina Nor-Oriente de la misma plaza estaba el Hotel de Federico Santibáñez, hoy llamado Comercial, el abogado se dedicaba más al tintoco que a explotar a sus clientes, y eso que en aquel entonces aún no se conocía la tinterillada de los abogados de hoy día, que aún están en el Colegio, de exigir firma de uno de ellos en todo escrito que se presente a Usía, aunque sea para no decir nada; con tal que el cliente afloje los pesotes que lleva en su bolsa.

Al caer la tarde de cierto día, ya Cabrera había sacado un par de hornadas y después de la última, se había sentado en la puerta del Hotel para ver pasar la gente, y se le vio que con la llave en la mano hacía ciertas mariguanzas que nadie alcanzaba a comprender, hasta que uno de sus amigos le preguntó lo que ello significaba.

-Como se me da vuelta el mundo y con él la Plaza de Armas, que tengo al frente, estoy cateando que pase mi pieza para achuntarle con la llave y así poder entregarme en brazos de Morfeo, sin necesidad de tener que atravesar la Plaza.

MI SEÑOR DON BURRO

Mercedes Abarca vivía en Pumanque que así se llamaba un antiguo caserío situado en el camino público que divide los fundo de Tipaume y El Sauce, en las tierras que fueron de don Juan de Lobo, cuyo nombre se conserva hasta hoy día con el de Lo de Lobo, camino que tomó la montonera de J. Dolores Fernando y al retirarse a Pichiguao, en cuyo Portezuelo se verificó el único hecho de armas que cuentan las crónicas de esta región.

Mercedes había oído hablar de la familia Macho Parada, Toro Mazote, Vaca de Castro, de manera que cuando en una ocasión, le dijeron que el juez de Lo de Lobo era nada menos que el BURRO, sobrenombre de una distinguida persona de la región, no hizo mayor hincapié cuando tuvo que ir ante el Magistrado con el objeto de alegar la posesión de una chancha golosa. Aquí vengo, Señor don Burro... y no alcanzó a terminar la frase, porque el Burro le dio tal coz, como la famosa patada de la mula del Papa de Avignon, que lanzó lejos a la pobre Mercedita, que volvió a su rancho de Pumanque, sin saber la causa del disgusto del Magistrado cuando lo había tratado de Señor y de Don...

 

AL FIELCITO

Era don Floro Medina un comerciante muy bonachón, que en la Escuela de don Pedro Beas solo aprendió la operación de multiplicar, sin poder nunca sumar y restar, por lo que pronto se llenó de semilla, y el boliche que tenía en la calle Urriola no le daba para mantener tanta prole.

Los chacoliceros aumentaban día a día, debido a su buen genio, cualidad indispensable para que el público consumidor aumente y no disminuya, como le sucede a muchos boliches de esta pueblo, en que el mesonero suele poner cara de perro buldog para servir a sus clientes.

Cuando llega el momento clásico de pagar las cachadas, que es cuando se aprecia la bondad de la tela, al decir del Inspector Labarca; en cambio el tocuyo asalgado es rajativo como don Bayer; don Floro recibía en congrio de diez pesotes y comenzando a trabajar en su libreta, haciéndose como que sacaba la cuenta y siempre terminaba con la misma muletilla: "al fielcito, ni te pasaste, ni te quedaste" y embuchaba el congrio enterito. Cuando el gasto subía y faltaban un par de congrios, era inútil que el que hacía el tocuyo asalgado esperase el vuelto, porque don Floro, inmutable y seco en sus cuentas, después de la operación en su libreta, siempre llegaba a la misma conclusión: "al fielcito, ni te pasaste, ni te quedaste".

Hoy, cuando en los boliches de dudosa moralidad, el cantinero quiere hacerse el sueco con el vuelto, los Garipauchos le preguntan: "¿qué ha resucitado don Floro Medina?".

PARECE INGLES

Don Rafael Román Ávila era magistrado en Corcolén y en cierta ocasión en que le tocó actuar para levantar un sumario con respecto a una persona que pereció ahogada en el río Claro, frente al paso de Tilcoco, comenzó a dictarle a su Actuario el parte del Juzgado de Letras, en la siguiente forma: "En esta jurisdicción ha aparecido un difunto cadáver muerto, persona que ha fallecido y que por el metal de voz..." a ver Actuario, apriétele la guata al muerto. Y al hacerlo el Actuario salió un sonido gutural, algo así como "guau" y entonces don Rafael completó la frase agregándole: "parece inglés".

EHI TA LA PATA

Allá por el año de la revolución de Balmaceda, al decir de las comadres del barrio Guangualí, vivía en la esquina sur de la salida de la calle de este nombre a la de Arturo Prat, en el mismo edificio que hasta hoy conserva su estilo colonial, como lo indica la pilastra redonda que separa las dos puertas de salida, don Pepe Zuaznábar casado con doña Tránsito Morales, ascendiente de nuestro amigo El Loro, y que tuvieron por hijos, a Eleodoro y Rafael, este último diputado al Congreso años más tarde.

Allí tenía don Pepe la única panadería que había en el pueblo, pues aún no habían aparecido los forasteros españoles que hoy tienen monopolizada esta industria, y todo el mundo concurría a la de don Pepe para abastecerse de lo que en los tiempos que corren es el primer símbolo del Frente Popu: "pan, techo y abrigo". Don Pepe atendía personalmente el mesón y antes de dar el vuelto le preguntaba al cliente ¿cuánto le quedo debiendo?.

-Me sobran dos reales, le respondían en algunos casos.

-Ehi ta la patá, les contestaba don Pepe, dando un fuerte zapatazo en el entablado.

Y es por eso que los renguinos de antaño llamaban De la Patá, a la calle que hoy se denomina Guangualí.

 

EL BAROMETRO GARIPAUCHO

Con motivo del último aguacero, los Garipauchos consultaron su barómetro, resolvieron lo que esta décima indica:

Anuncia buen tiempo estable el Loro, si está sereno;

Boche Grave anuncia el trueno,

y don Fruta tiempo variable;

y en vista de lo insondable

los Garipauchos resuelven

ir donde el Cid Campeador

a beber con frenesí

de ese rico chacolí

que en el mundo no hay mejor.

 

ECHE AL MOZO PARA AFUERA

Donoso Ravantós llegó a Rengo con motivo de un horrendo crimen que había cometido el Doctor Braulio Alarcón, con la persona de una dama, por el delito de haberse demorado en abrirle la puerta. Con tal motivo "El Mercurio" destacó a su mejor reportero para que viniese a Rengo en busca de informaciones.

En la esquina sur oriente de la Plaza de Armas tenía su estudio el abogado don Tristán Gálvez Palma, el patriarca del pueblo, como se le designaba, y tenía por escribiente a don Arturo Rosales, llamado El Bufa, por la fachita que se gastaba y por los bufidos que daba de cuando en vez; en cambio El Patriarca era tan descuidado en el vestir, que a menudo se le veía hasta con la camisa salida por detrás.

Cuando Donoso apareció en el dintel del estudio, el Patriarca se entretenía en sacudir los libros de su estante; mientras tanto el Bufa se paseaba con paso militar, de una sala a la otra. Naturalmente que Donoso se dirigió al Bufa, a quién consideró dueño del buque y le dice: -Señor, El Mercurio me envía para saber su opinión con respecto al crimen del Doctor Alarcón. Tome asiento y pregunte no más. – Es que como el asunto es grave, le rogaría hiciera salir al mozo del estudio. –Es que el estudio es precisamente del mozo, o sea de don Tristán Gálvez, de quién yo soy solo su escribiente.

Donoso dejó de ser Ravantós, porque allí mismo se reventó...

EL MILLONARIO TACAÑO

Don Roberto Lyon, ingeniero y millonario, era el dueño de la gran hacienda de Almahue, ubicada en la comuna de Pichidegua del actual departamento de San Vicente; pero don Roberto, aunque millonario, era muy descuidado en el vestir.

Como tenía en Rengo a su abogado, que para él era muy superior a don Ricardo Letelier, considerado el mejor abogado de todos los tiempos, ya que sus pleitos, que los grandes abogados de la Capital, Mac Iver, Yáñez, y otros los consideraban perdidos, su abogadito de Rengo como él decía, por don Tristán Gálvez se los ganaba con costas.

En cierta ocasión me encontré con un caballero sentado en el banco de madera que había en el corredor de mi casa, el que con mucha atención miraba un plano del departamento que yo había colocado en la muralla. Como se levantara del asiento para observarlo más de cerca, yo, de comedido, me adelanté para explicarle lo que significaban los signos que sirven para indicar los caminos, ferrocarriles, ríos, etc.; y continuando con las explicaciones llegué hasta decirle: -Aquí tiene, señor, la gran hacienda de Almahue, de un señor Lyon, millonario, pero muy tacaño. –Oh, si, si, me responde, tacaño, tacaño...

En esto aparece mi padre y le dice: -Perdone don Roberto que lo haya hecho esperar tanto.- No importa don Tristán, aquí me he entretenido con su hijo que me ha estado dando lecciones de ingeniería, y me ha hacho saber lo que yo ignoraba: que soy un gran tacaño!

¡Era en persona don Robert Lyon!

LA POLONIA CHILENA

Don Claudio Vicuña había comprado, en Los Barriales, una extensa dehesa y a cargo de ella, puso a un polaco como administrador. El hombre era excelente y don Claudio estaba encantado con su empleado, muy diferente a los de ahora, que dejan al patrón en la calle y ellos se quedan con el fundo; porque nunca se cortan las uñas. Pero resultó que la nostalgia del terruño enfermó al polaco y lo hizo saber a su patrón. Y don Claudio le dijo: -Y si yo te hiciera vivir en Polonia, ¿te quedarías satisfecho? – Eso es lo único que deseo. – Pues bien, vivirás en Polonia. Y don Claudio se fue donde el Director de ferrocarriles y consiguió el cambio de nombre de la estación que se llamaba Los Barriales, por el de Polonia, que conserva hasta la fecha, y el polaco no tuvo más que continuar a cargo del fundo de don Claudio.

DON PANCHOTE

Se estaba ya ahuesando cuando le dio por contraer nauseas, o sea ponerse al yugo del matrimonio, y como había sido muy juguetón, no le faltaban los descuidos en papel simple. Cuando menos pensó, tomó el vapor para Australia, que es el país a donde se dirigen los desposados. Como se había gastado corriendo a la estaca, cuando se le dio cancha y lado para que corriera en punta, se arratajó y no pudo dar producto alguno a la Patria. Pero había por ahí una maritornes que se sentía con dolores a las caderas y de ellos culpaba a don Panchote. No faltó un alma compasiva que le hiciera saber esto a Panchote, y como era de buen corazón, y de acuerdo con su cara mitad, acordaron adoptarlo cuando llegara al mundo y mientras tanto subvencionar a la que iba a ser madre de su hijo, con sesenta pesos mensuales. Todos los meses era puntual en el faumento, pero cierto día que revisó el apunte, se encontró que ya iban catorce mensualidades y aún no brotaba el injerto. Pidió un alfiler de sombrero y se fue de hacha donde la maritornes y sin que se diera cuenta, le clavó el alfiler en la guata, pero como el bulto era de puros trapitos, ni siquiera el grito pudo oír de su primer hijo, aunque por camino extraviado.

LA CORONA DE LOS CANARIOS DE MITO

La mitología garipaucha parece que es conocida en todo lo largo del País, pues no solo en la tierra de Matagatos, sino en esta de los Matta-Gallos, se cuentan anécdotas Colchaguinas, como ésta que he oído en Copiapó.

Cuando Mito estudiaba en la Capital para doctorarse en tapados de portillos ajenos y en arrancadura de muelas sin dolor, salía a la casa de una Tía, la que tenía una crianza de canarios.

-¡Cuidado chiquillo!, solía decirle a Mito, no me vayas a romper la rejilla de la jaula y se me vuelen todos los canarios.

-No se le dé nada Tía, que para eso tengo buenas manos y todos los pillaría.

Como Mito cuando chico tenía el mismo vicio que hoy tiene el Prolongado Guzmán, las pelotas, y era como potrillo nuevo que nunca podía estar quieto, cierto día resultó lo que la Tía había pronosticado. De un pelotazo, Mito rompió la rejilla de alambre, y los canarios se salieron de la jaula a gozar de la dulce libertad. Pero quiso la buena suerte, que nunca desampara a Mito, que los pajaritos se posaran sobre un arbolito del jardín, y Mito, con los ojos de carnero ahogado, corrió a la calle en busca de un par de suplementeros para que le ayudaran a pillar los canarios y a quienes les ofreció un par de pesos por cada canario que atraparan. Los baldes de agua que le lanzaron dieron en el blanco y ya los canarios no pudieron volar, sino que apenas corrían por el suelo. Uno a uno fueron pillándose y Mito corría donde la Tía, que hecha un mar de lágrimas, no podía consolarse con la pérdida de sus pajaritos.

-No se le dé nada Tía, que aquí tiene uno y luego estarán todos pillados. Y en la falda de la Tía iba arrojando uno a uno los canarios a medida que eran pillados.

Pero Mito, acostumbrado a apretar fuertemente las pinzas con la mano derecha, mientras a la izquierda enseñaba a ser mano rota, iba reventando los canarios y en la falda de la Tía caían agonizantes los pobres pajarillos.

Cuando la tarea fue terminada, los suplementeros pagados, y con la risa en los labios volvían donde la Tía, creyéndola feliz y contenta por haber recuperado sus pajaritos, oyó que ésta le decía:

-Mito por Dios, aún no has aprendido a tapar portillos ajenos, ya que por el de la jaula se salieron todos los canarios; pero en cambio eres perito en operar sin dolor, pues aquí tienes todas tus víctimas que han muerto sin lanzar un solo gemido.

Y la Tía, con las plumas de los canaritos muertos hizo una corona que la conserva hasta la fecha como recuerdo de la hecatombe, y con lágrimas en los ojos, se la muestra a los colchagüinos, diciéndole: "Esta es la corona de los canarios de Mito".

EL ÑECLA

Los alumnos del Liceo lo llamaban "El Ñecla" y era de ver la cara que ponía cuando en el pizarrón le dibujaban un volantín. Media sala quedaba castigada.

Los Garipauchos organizaron una excursión a la Isla Juan Fernández y Ñecla se incorporó a la patota. Partimos un once de Febrero y en el hermoso trasatlántico "Orduña" hicimos la travesía del procelso mar. Como la tercera clase estaba a popa, y la corriente de Humbold le imprimía a Orduña un vaivén que hacía perder los estribos al mejor jinete, el 99% de los pasajeros fue víctima del terrible mareo, y Ñecla fue el primero de esas víctimas.

Tanto de ida como de regreso, Ñecla más parecía un saco harinero que profesor de un Liceo, y todavía, como el de Rengo, que en aquella época, con gabinete de física y química, sala de gimnasia, y un centenar de escautes totalmente provistos de indumentaria de campaña, tenía fama de gran establecimiento educativo.

Cuando Ñecla, con su silueta de estropajo regresó a Rengo, y alguien le preguntó como le había ido en la excursión le contestó: - Muy bien todo, pero otra vez que vayamos a Juan Fernández, yo no voy más......

EL ALEMAN DE LA POTRA

Cocalán es una de las regiones más hermosas del valle central de Chile, donde la palmera domina como reina y señora en toda la zona. Está ubicado en la serranía de Alhué, al norte de la estación Las Cabras, y su actual propietario la adquirió desde Europa, por cable, por el solo hecho de saber que en Cocalán había leones.

El capellán de los Garipauchos, el inolvidable Rajha Noir, dispuso que para purgar sus pecados, la patota garipaucha debía trasladarse a Cocalán, y no volver hasta que le dieran el bajo a un barril de diez arrobas del chacolí rosado que fabricaba el famoso Gringo de la Granja, años atrás

La patota partió en Semana Santa, al caer una tarde, y a su paso por San Vicente fue cumplimentada por Escobarini con unas gárgaras de un litriado con gusto a poco, al decir de Don Fruta, que es técnico en la materia. A su paso por La Rosa, fue necesario echarle agua al motor del camión, y bajaron Mito, El Fisco y don Tucho; y como demoraban demasiado en la maniobra, Locatelly bajó también para apurarlos, pero los encontró acogotando un par de patos blancos que dormitaban en la orilla de una poza de agua, y por precaución técnica, se ordenó continuar rápidamente la marcha, antes que despertaran sus dueños. Al amanecer nos encontramos en la Palmería de Cocalán, y después de un corto sueño reparador, salimos todos de caza, dejando a Don Fruta a cargo del campamento y para que, como buen cuque miliciano, ordenara lo que Panchote debía aderezar para el almuerzo. Cuando regresamos a la una del día, con un hambre canina, nos encontramos con que Don Fruta se había entretenido en curar a todos los vaqueros que por allí pasaban, y hasta Panchote colgaba a la orilla del estero, como un estropajo aventado por el chacolo del Gringo, sin tener otra cosa que masticar que un charqui apolillado que había llevado el Toro Vaca.

Al caer la noche de ese primer día de ayuno forzado, el Marqués de la Marraqueta hizo una gran fogata con las hojas secas de las palmeras, y a su alrededor tomaron colocación los garipauchos para oír los cuentos y tallas de Mito, el gracioso de la comparsa. Como el alemán de la Potra, dormía la cuarta mona de ese día, dispuso el comando hacerle una jugada, y se comisionó para ello al Toro Vaca, dándole las instrucciones del caso.

Acercándose al dormilón, el Toro Vaca sacó su revolver y bien al oido del alemán, dispara un tiro, y le arroja lejos el sombrero que cubría su cabeza, gritando todos al unísono: ¡Lo mató! ¡Lo mató!.

El alemán de la Potra, despertando, saltó como un culebrón herido y fue a caer en medio de las llamas que atizaba el Marqués, gritando, también: ¡Me mató! ¡Me mató!.

POR EXCESO DE PREPARACIÓN

Los Garipauchos, antes de ser bautizados por su Capellán, tenían que someterse a un examen de preparación: el declive no debía ser menor de un 5% según lo disponía al art. 4º de los Estatutos.

Como simpatizante fue presentado un joven recién llegado al Banco, maucho de origen y que se inscribió bajo el nombre de Don Ajenjo.

Se organizó una excursión a Caracoles, que era la primera a que asistía el simpatizante. En el trayecto demostró asombrosa actividad y le puso tan tupido, que al llegar al Rendes Vous designado, ya Don Ajenjo estaba en calidad de bulto. La comisión informante estableció que teniendo demasiado declive el postulante, pues pasaba de un 50%, no podía ingresar a la Corporación, y fue desechado por exceso de preparación.

¡ AL AGUA, PATOS ¡

Cataclismo es un genuino representante del pueblo de Rengo, pues es cojo, y como es el único varón de la familia, para que matara el ocio, su madre le había entregado la administración del fundo Tilcoco, ya que como niño regalón, lo único que le faltaba era una pata, la que al tenerla buena, habría sido campeón en la maratón. En compañía de su futuro cuñado, Facundito, se convirtieron de la noche a la mañana, en grandes agricultores.

En cierta ocasión invitaron a un grupo de Garipauchos para que fueran a visitar el fundo y naturalmente, estos no se hicieron repetir la invitación, y se dejaron caer a Tilcoco. En menos de lo que canta un gallo se descogotaron varias de esas aves que vuelan para que no les pille el zorro y bien remojado con rico chacolo de su compadre guacarhuino, se sirvió un suculento almuerzo.

Para acortar la tarde se organizó un paseo a Corcolén y mientras Don Fruta recogía callampas, que era un contento, ya que las había en abundancia en los añosos troncos de álamos cortados, salió al camino una viejita para decirnos que una pareja de los defensores del orden, recién la notificaban para que a su regreso les tuviera una cazuela y mandara buscar chacolo, para divertirse un rato en compañía de un par de nietecitas, nada mal parecidas que tenía a su cargo la viejita, so pena de denunciarla al Juez de Guacarhue por venta clandestina de licor, si así no lo hacía. Y como estos señores son como Patas Mujas, ministros de fe, nadie me va a despintar la multa si no los atiendo como me lo han ordenado. No se le dé nada, señora, que aquí tenemos al tinterillo de Locatelly, que la sacará de apuros. Y en efecto, Locatelly. Sacando ipso facto papel y pluma redactó un ukase en el que dejaba constancia que el único licor que había en aquella casa, era el agua pura y cristalina que corría por la acequia, el que fue firmado por toda la patota, indicando cada cual su título, al margen de la firma, y el que menos era Gobernador. Cuando al regreso los llamados defensores del orden se impusieron del documento, continuaron su camino malhumorados, por haberse ido en banda la fiestoca.

En el Centro Cultural de la Rosa Boche, del que era Presidente vitalicio Cataclismo, los Garipauchos fueron festejados con un chacolo rosado, de tinaja recién abierta en su honor, ofreciendo la manifestación el Secretario, un señor De la Cueva, pero ya sin los humos de los que lleven este apelativo.

Bien emparafinados regresaron a Tilcoco, pareciendo más bien bandadas de choroyes, antes que patota Garipaucha.

En las casas del fundo Don Fruta se dedicó a preparar sus callampas recogidas en el camino, mientras la noche extendía su negro manto sobre el solitario campo de Tilcoco, y para alumbrarse en las tinieblas no había mas remedio que ponerle y más ponerle corto pero tupido.

Cuando la tomatera estaba en lo mejor, se sirvieron las callampas de Don Fruta, que como legendario cuque miliciano, las había aderezado en un tarro parafinero; y como se le cerraban los ojos a la mayoría de los visitantes, Cataclismo, que más parecía cuero de oveja que patrón de fundo, pues no movía ni la pata buena que le quedaba, le dijo a Facundito que le indicara el alojamiento a los visitantes. Unos a gata y otros arañando por las paredes siguieron a Facundito, quién señalándoles un pajal, les dijo: Para la mona que tienen, basta y sobra con este lecho. Pobres seremos, pero no chanchos, le respondió Rajha Noir e incontinente ordenó la partida.

El camino que va de Tilcoco a Puente Alta, tenía como una cuadra que se llenaba de agua, y que en la noche aumentaba con la suspensión de los riegos, y allí quedó trancado el auto en que regresaban los visitantes de Tilcoco. Antes de pasar la noche entera metidos en un bote y en un auto, Rajha Noir gritó: "Al agua patos", y como orden del capellán, no hubo más remedio que desnudarse y echarse al agua para sacar al auto, empujandolo todos. Era de ver a los Garipauchos rabones, con el agua a la cintura, emparafinados con el chacolo de doña Rosa Boche, empujando el coche en medio de una noche más obscura que el Negro Arenas y tiritando de frío, despreciando el regio alojamiento que les ofreció Cataclismo, visado agricultor De Tilcoco, a sus amigos, los Garipauchos de Rengo, en una fría noche de invierno.

EL DOBLE DE DON PINTITO

Don Pintito tiene su doble en un hermano gemelo, tan parecido en sus caprichosas facciones como en su no menos caprichosa indumentaria. No hace mucho que un alemán de Valdivia lo semblanteó un poco y luego se le fue encima, agregándole: -¿Cuándo llegó del Aysén, mi querido Gobernador? Porque el hermano lo había sido de aquella región, donde lo había conocido el alemán.

- Ah, me confunde con el otro, pues yo no lo conozco a Ud.

El alemán quedó dudando un poco, y como se sabe que en Chile es corriente que los palos apolillados, cuando por capaces y honestos se pescan una pega, o cuando les toca en matrimonio un avocastro pero con pesotes a la muerte de los suegros, que los hace cambiar de paso y no ver en el día a los que antes conocían hasta en la noche mas oscura, dijo para sí: - Este debe ser un palo grueso.

Al día siguiente el mismo alemán divisó nuevamente la silueta de Don Pintito y lo abordó para darle explicaciones, ya que el día antes lo había confundido con su hermano; pero Don Pintito, mal humorado en esta ocasión, ya que siempre es tan meloso, le dijo:

Otra vez, si soy el mismo de ayer; déjeme en paz.

Y el alemán agregó; - ¡Cagamba...Cagambita....cagambola!

PALITO EN LA COLA

También los huasos de Santa Rosa de Pelequén suelen pasarle gatos por liebres a los rastacueros de la Capital, y si no que lo diga Palito en la cola, hijo del Rico por la piedra y hermano de aquel Pedro María que, cuando Carne Amarga le hizo que escribiera su nombre en el pizarrón, al entrar por primera vez a la preparatoria del Liceo de Rengo, le suprimió a Pedro las letras D y R, y a María le corrió la R y la puso después de la I, y en lugar de la A, le puso una E, y que por trotar siempre a la inglesa, siendo que era oriundo de Imahue, y no de Talca, Paris ni de Londres, el populacho la suponía que por tener algún apéndice en donde la columna vertebral cambia de nombre no podía sentarse como lo acostumbran los huasos de esta tierra.

En una ocasión su padre lo mandó a la Capital para sacarle mejor precio a unos alamitos que quería negociar, y en una picantería se encontró con el Negro Azolas, en el Mercado Central, que es el rendebu de los huasos de Colchagua, y le contó el objeto de su viaje. Un barraquero que paladeaba un plato de picarones, en una mesa vecina, al imponerse del negocio que iba buscando Palito en la Cola, se le apersonó para decirle: Siempre que fuera una gran cantidad, yo me interesaría por los álamos que viene a negociar...

Como por encanto, las grandes alamedas de la Hacienda de Chuchué, se le presentaron en la mente, y como ellas estaban vecinas al fundo del Rico por la Piedra, no tuvo empacho para considerarlas como de su padre y ofrecérselas al comprador.

Estando de acuerdo los contratantes en vez de buscar un Notario de esos que tienen empleados que estrujan a los clientes centuplicando el arancel, mientras el amo se hace el de las monjas, prefiriendo remojar con tintoco el compromiso, ya que la tinta del Notario es tan indeleble como la que vende el bolichero por decas y medias decas.

Al siguiente día partieron ambos en dirección a Pelequén, la antigua Laguna de barro de los aborígenes, y que hoy, por milagro de Santa Rosa está convertida en una simpática población urbana. Después de recorrer el camino de Pelequén a Malloa, cuyas alamedas del lindero norte entraban en el negociado, el barraquero no tuvo inconveniente para alargarle algunos miles de pesotes, de quince peniques, y regresó a la Capital para volver cuanto antes a iniciar la explotación.

A los pocos días se le vio llegar e instaló el aserradero en un bosquecito que había frente a las casas que fueron de Ignacio Velasco, el Boca de Toyo, y se dio principio a la explotación.

No faltó un vaquero del fundo que le avisara al administrador de Chuchué lo que sucedía, y éste se vino a galope tendido.

Qué es lo que está haciendo usted, mi señor, le dijo el Administrador al barraquero.

Lo que Ud. ve mi señor, Le compré al dueño del fundo estos alamitos y los estoy explotando. Pero si Don Carlos Larraín Bules anda en Europa, y no ha podido vendérselos sin que me avisara.

Qué Larraín, ni que niño muerto, si Palito en la Cola es el que me los ha vendido.

Naturalmente que aclarada la situación, el barraquero no tuvo más remedio que levantar la faena, y regresar a la Capital, pensando en que también los huasos de Santa Rosa de Pelequén sabían contar el cuento del tío y pasar gatos por liebres a los rastacueros de la Capital.

EL ANILLO DE COMPROMISO

Como lo dijo el Poeta de Colchagua:

Desde su niñez temprana

Tuvo el LARGO loco afán

De una esperanza no vana:

De ser jirafa africana,

O ser gigante alemán.

Y si el cóndor reta a duelo,

Y a las nubes hace guerra,

Porque el LARGO sin vuelo,

Con sus pies toca la tierra,

Con su cresta escala el cielo.

Pues bien, en cierta ocasión, cuando Cupido lo tenía prisionero en las redes del Amor, y tenía que viajar muy seguido hacia las tierras de las vertientes, que así llamaban nuestros aborígenes a Coínco, con el pretexto de tomar la medida para mandar hacer los anillos de compromiso, el Largo llegó a casa de su prometida, llevando como único bagaje, un par de calcetines. No se sabe si por lo prolongado de cuerpo y de alma, al pasar por el estero del pueblo, el que antes no tenía puente, se mojó los pies y se vio obligado a cambiarse los calcetines, colocando los recién sacados en el bolsillo del revólver. Cuando estaban en el puchero, un viento colado que penetró por un vidrio roto de la ventana del comedor, hizo que el Largo estornudara, y rápidamente echó mano al bolsillo de revólver, y en vez de sacar el pañuelo, sacó los calcetines usados, los que hicieron que toda la concurrencia estornudara al unísono. Sabía los caprichosos guisos culinarios del Largo, en el plato de cazuela le puso el hueso del agarradero, por la enorme médula, como dice Cervantes, y no médula, como acostumbraba a decir la gente que ignora el idioma patrio. Como no se atrevía a tomarla con la mano para soplarla, no tuvo más remedio que meterle el dedo al hueso, saltó la médula, pero el hueso le quedó como un anillo en el dedo del Largo. Rápido puso la mano bajo la mesa, pero ¡oh calamidad!, allí estaba echado el perro de la casa, que al sentir el olorcito del sabroso hueso, le tiró un tarascón y no lo aflojó hasta que no hubo sacado el hueso del dedo del Largo; pero el Largo que no sabía que hacer, y el perro que no le aflojaba, lanzó por fin un grito, y todos tuvieron que imponerse de lo que sucedía, es decir que en vez de un anillo de compromiso, cuya medida iba en su busca, había encontrado la horma de su zapato, el hueso del agarradero que el Largo se había colocado esa noche en el comedor de su prometida, era el verdadero compromiso de su futura boda.

APURESE DON OYENO, QUE VIENE EL AGUA

Una patota de Viejos Verdes solían de cuando en vez, arrancarse del pueblo para ir a echar una cana al aire en la tierra de los naranjos floridos, donde antes crecían enormes las hojas de los Pangues.

Después de oír su consabida tonadita y de remojar la agalla con un chacolo mejor que agua bendita, y mientras reposaba a fuego lento la cazuela de gallina castellana, los Viejos Verdes salían a dar una vueltecita por la chacra, para ver si los choclos ya macollaban. Al más quedado en las huinchas le correspondía mancornarse con la Vieja, mientras los demás del bracete de las muchachas, se perdían entre los porotales en vaina.

En cierta ocasión, por lerdo, le correspondió a Don Oyenó salir a la rastra con la vieja, y como ni cabresteaba, no tuvieron más remedio que arrastrarse sobre el taco que recién había hecho un regador en la acequia madre de la chacra. Y allí platicando la amistad, esperaban ya largo rato el regreso de las demás parejas, cuando sintieron el alerta del regador, que sentado a la sombra de un sauce, les vino a cortar el hilo de la inspiración: -Apúrese don Oyenó, que viene el agua!-

EL MANCO TORDILLO

Rafael Granifo en Guacarhue y Alfredo Hoffmann en Rengo, eran el terror de los mortales cuando se les pasaba la mano en el arte del Dios Baco, que consiste en empinar el codo y tomárselo todo.

En Guacarhue cuando Granifo montaba en su manco tordillo y comenzaba a merodear por los boliches, se suspendía el tránsito por la calle y no se oía otro ruido que el cerrar de puertas de todas las casas del pueblo; en Rengo, cuando el Alemán llegaba al Hotel, comenzaba por hacer carambola lanzando un botellazo a la estantería de licores y terminaba tendiéndose en el billar para encumbrar de una patada la enorme lámpara belga, cuya parafina corría después por el paño del billar como río en avenida.

Después del triunfo de la Revolución del 91, Genaro Lisboa fue nombrado Gobernador de Rengo, y Tristán Gálvez como reo político, pasó a ocupar una celda en los altos de la Escuela Modelo de la Av. José Bisquertt.

Como Granifo tenía gran estimación por Gálvez y a la vez era amigo de Lisboa, se ofreció para servir de fiador y pudiera Gálvez salir en libertad. Lisboa prometió aceptar, pero viendo Granifo que pasaban los días como suspiro de monja, sin que Lisboa cumpliera con la palabra empeñada, mandó a Guacarhue en busca de su manco tordillo. Esto que supo Lisboa y Gálvez que es puesto en libertad, eso sí relegado a Guacarhue, su tierra natal.

Y Granifo para no perder la traída de su bien ponderado Manco Tordillo, hizo detener al día siguiente el carrito de sangre que corría por la calle Prat a La Isla, y clavándole espuelas a su Tordillo, se coló como San Pedro por su casa, dentro del carro, y el cochero no tuvo más remedio que azotar sus pingos y llegar hasta la plaza con Granifo y su Manco Tordillo

EL CHIQUITIN

Cristo De Palo se amaneció cuidando a Filupa, El Chiquitín como le decías sus amigotes, el que a consecuencias de una moscorra morrocotuda, como se dice en Guipúzcoa, se vio obligado a encaramarse en el mismo campamento en que se inició la tomatera. Como Cristo de Palo es tirado con honda para los entierros y para cuidar a los amigos cuando se les sube el chacolo a la cabeza, se propuso no abandonar a su viejo compañero de trienios y gratificaciones, y fue así como no apareció en toda la noche por la casa

A la mañana siguiente se encontró en la Plaza de Armas con una profesora recientemente llegada al Liceo, y le pidió le disculpara con don Salustio, el Rector, que no podía ir a clases porque se había amanecido cuidando al chiquitín.

La profesora, que maldito la cosa sabía a quién llamaban el Chiquitín, apenas llegó al Establecimiento fue en derechura a la rectoría, para decirle que el profesor de Trabajos Manuales, no podía asistir a clases por haberse amanecido cuidando al chico.

Don Salustio que bien conocía las uvas de su majuelo y sabiendo que Cristo de Palo no tenía guagua ni chico alguno le contestó:

"El chico ese tiene más de 40 años y ya no toma mamadera por mano ajena, sino que con la propia la toma por decas y medias decas.

MANITO DE ANGEL

Todos los Garipauchos saben que Manito de Ángel es técnico en curtiduría; en mecánica automovilizada, desde cuando le recomendó a Locatelly que cambiara su Foyeque de pedal, que se encontraba en perfecto estado y con los repuestos recién comprados, por un Overland descompuesto, que por el solo hecho de ser coche con cambios, y principalmente en cuidar prendas ajenas, pues cuando un amigo le encargó que le cuidara su novia mientras iba a la Capital, a su regreso se encontró que Manitos de Ángel se había desposado con la novia de su amigo.

En su Finca Monona, a fuerza de discutir, ha conseguido que las parras produzcan más uvas que los sarmientos, y en todas las actividades ha demostrado siempre un conocimiento absoluto de la materia, que no admite discusión sobre ningún tema.

Últimamente se las ha dado de carrerero y en compañía del Gringo hicieron una cartilla, colocando Simpática como ganadora, porque en el Club la había oído al Bachicha que se la daban como fija a Bocha Grave, que también es carrerero, aunque ignora hasta las patas que tiene un jamelgo.

Manito de Ángel se encargó de ir al telégrafo y como lo único que no sabe es saber que la memoria es mujer, en vez de Simpatía puso Buenamoza. Al siguiente día el Gringo salió a felicitarlo porque había acertado la cartilla, Manito de Ángel voló a cobrar el premio, pero la telegrafista le hizo recordar que había tomado a Buenamoza y no a Simpática. Es lo que falta, le dice Manito, como si Buenamoza no fuera lo mismo que Simpática. Y a mí me viene a discutir con esas cosas!

JERJES DE MALLOHUE

Si allá por el Siglo V, el Rey Darío tuvo un sucesor que se hizo famoso, durante las guerras médicas, por una gran expedición que preparó por diez años, y que después al frente de un millón de soldados de la más formidable escuadra que jamás había surcado los mares, invadió Grecia, derrotando a Leonidas, que con 300 espartanos defendía el Paso de las Termópidas, el que prefirió morir por la Grecia antes que ser el amo de sus compatriotas, y en donde una inscripción gravada en un león de piedra dice:

"Caminante, ve a decirle a Esparta que aquí hemos muerto en obedecimiento a sus leyes"

Hoy en los tiempos que corren en la tierra del Sol Pintado, donde San Judas Tadeo ha sentado sus reales, y en donde otro Darío, que se gastaba cultura y caballerosidad para con el público, dejó como herencia a Jerjes, policial canino de pura cepa, que si bien hasta la fecha no ha comandado escuadra alguna por las corrientes de Hulñico, en cambio ha excursionado por la tierra prometida de los Pangues, Panquehue, acompañando a su amo don Arturo, que solo vale tanto como un millón de soldados persas, y que por rara coincidencia, con la liquidación de la bencina ha tenido que enganchar para el arrastre de su trineo anaranjado, a Leonidas, un brioso mulato.

Pues bien, cuando el Amo cae enredado en alguna tela de araña de las que le tejen las súbditas de sus dominios, Leonidas, no el valiente espartano, sino el brioso mulato, Las emprende veloz, llevando como único pasajero a Jerjes, que jamás abandona el trineo de su Amo. Y así como Efialtes, el traidor griego, que enseñó a los persas el sendero extraviado por donde solo era posible tomar por la espada a Leonidas, Jerjes, despertando de su modorra, al sentir rodar el trineo y viendo que a bordo no está su capitán, se alza y como Efialtes, por el sendero del lomo del mulato se corre sigilosamente, y alcanzando con sus dientes las bridas que arrastraban por el suelo, sujeta a Leonidas que cae derrotado en su fugitiva arrancada, devolviendo sano y salvo el trineo a su Amo, que recién ha podido desenredarse de las aprisionadas redes que le habían tenido las amarteladas súbditas de sus dominios, en la tierra prometida de Los Pangues.

EL PAGO DE UNA DEUDA

Don Vicente Pérez Rosales, nos cuenta en sus "Recuerdos del Pasado", que estando a cargo del fundo Baldomávida en Nancagua, se presentó en una ocasión un silencioso caballero que alojaba cerca de los trapiches de las minas de oro de Millaje, que trabajaba el insigne minero Zacarías Nikson, y que perseguido por sus acreedores resolvió vender sus animales. Como le ofrecían solo 6 pesos por cada vaca seca, 7 por las paridas y 9 por los bueyes, resolvió ir al fundo Baldomávida para liquidarlos. Don Vicente le ofreció más de lo que podía desear hizo el negocio y lo convidó al almuerzo.

Como notara en muy mal estado los pantalones que tenía, tuvo el gusto de regalarle unos de ante, que aunque usados eran decentes al lado de los que llevaba.

Pasaron los años y en 1860, siendo don Vicente Intendente de Concepción, le llamó la atención el ruido que hacían los empleados de la secretaría, porque había llegado el opulento Don Matías Cousiño a quién inducían ceremoniosamente a la sala del despacho

"Vengo quejoso contra usted contra usted, porque en cuatro meses que lleva de Intendente, aún no ha querido cobrarme lo que le debo."

"¿Deberme usted a mí?"

Entonces Don Matías, cogiéndole la mano amistosamente, le recordó que en Nancagua, con una carta de presentación de la industriosa señora doña Carmen Gálvez Palma, cuyos incomparables alfajores, paladeaban con entusiasmo, llegó hasta él para venderle sus animales que no solo se los pagó muy bien, sino que lo convidó a almorzar y le regaló un par de pantalones de cuero de ante.

LOS BURROS SABIOS

El paso de un fenómeno Celeste debía producirse en Tinguiririca, cerca del volcán de ese nombre, y naturalmente se dejaron caer varios astrónomos para observar el fenómeno. Se internaron al interior y pernoctaron en un rancho cerca de la Rufina. A la mañana siguiente muy de madrugada salieron los astrónomos, pero la vieja que les había proporcionado el alojamiento les dijo:

No salgan ahora porque luego va a llover.

Ellos sacaron sus aparatos y vieron que no anunciaban agua y se rieron del augurio de la vieja

Ya lo verán, les dijo.

Y los astrónomos partieron comentando el presagio de la vieja. Pero aún no llegaban al volcán, cuando se deja caer un terrible aguacero que los obligó a volver. Naturalmente al llegar al rancho le preguntaron a Rufina:

Cómo diablos sabía usted que iba a llover?

Si los burros que pastan llegan todos a buscar abrigo bajo la ramada que tenemos, es seguro que va a llover.

Si los burros de aquí saben más que nosotros, no hay más que volvernos a nuestra tierra. Y así lo hicieron.

Y la explicación es muy sencilla. Cuando va a llover se enrarece el aire y comienzan a caer piedrecillas del alto de los cerros, y los burros que ya estaban cansados de ver este anuncio, antes que venga el aguacero se recobijan a su ramada.

LA CEBADA DEL TAMBO

Don Alberto Joglar de la Prida corría con la explotación del fundo El Tambo y cierto año quiso que el fundo sobresaliera con la producción de la cebada, para lo cual solicitó se le enviara la mejor semilla que se produjera a nivel mundial.

Con tal objeto se pidió a Europa y se embarcó para Chile lo que allá era considerado como tal. Mientras tanto Don Alberto hacía preparar el terreno para sembrarla apenas llegara; pero cuál no sería la sorpresa al conocer que los sacos aún no bien borrados tenían el nombre de El Tambo, y le enviaban su propia semilla como la mejor del mundo.

LA COLA DE LA TERNERA

Don Carlos Moraga que siempre venía a Rengo a casa de Don Juan Egenau, que era casado con doña Valentina Moraga, fue el capitán de la torpedera Lynch que en Caldera echó a pique el Blanco Encalada que tenía a su bordo a la Junta de Gobierno Revolucionaria. Entre ellos estaba don Ramón Barros Luco, el que según las crónicas de aquel tiempo se había salvado por la cola de una ternera.

Estando de paso en Caldera repetía esta crónica a un calderino, el que dijo que aún existía la ternera, pero que nunca había tenido cola, ya para probarme lo que decía hizo llamar a un antiguo botero quien me llevó a ver la ternera, contándome en el transcurso del viaje que cuando sintió el estruendo que produjo el reventar del torpedo y ver que en el mar se debatían por salvarse varias personas, corrió a su lancha y al primero que tomó para salvarle la vida fue a Don Ramón Barros Luco, y lo salvó en su bote que se llamaba "La Ternera", y esa es la que usted tiene a la vista.

EL LOCO JORDÁN

El diputado don Luis Jordán tenía en un fundo de Requínoa un tío que era loco de verdad

En cierta ocasión le tocó salir al parque para recibir a un hacendado que venía a visitar al Diputado. Pase usted, adelante, le dice al visitante que venía de chaqué y colero. No puedo pasar si usted no me muestra el camino. Sácate tarro de unto primero, le dice,... y de un sopapo lo bota al jardín.

Don Luis que había sentido la llegada del visitante se asoma a la puerta y ve caer a su amigo. Corre a levantarle y darle las explicaciones del caso, diciéndole que si tío era loco de verdad.

LOS REMEDIOS DE LOS DOCTORES

Había antes en Rengo un caballero que siempre hacía lo contrario de lo que opinaba el vulgo, y por eso llamaban loco.

Estando enfermo hizo llamar al Doctor quien le recetó mucho abrigo y que por nada se destapara. Le dejó la consabida receta para que se tomara gota por gota su contenido.

Apenas se hubo retirado el Doctor, se medio vistió el enfermo y salió para la calle, con el objeto de ir a tomarse una pilsener donde el loco Federico Santibáñez, que era dueño del Hotel de la Plaza.

La calle venía llena de agua y tuvo que mojarse para conseguir lo que deseaba. Vuelto a su casa pidió el remedio y se lo sirvió todo y se durmió.

A la mañana siguiente muy de madrugada aparece el Doctor y le pregunta cómo se siente.

-Mucho mejor-.

-Claro, el abrigo y las gotas que te receté, tenían que hacer su efecto-

-Nada de eso, por que hice todo lo contrario y debido a ello podré levantarme luego-

Y como dijo lo hizo

A COMER CARNE HUMANA

Don Ambrosio Pemjean que vivió en Rengo después de haber quedado ciego en las salitreras de Taltal, fue invitado por un amigo para probar carne humana, ya que no había razón para no aceptarla, puesto que se saborea la del chancho que es el animal más cochino que se conoce, la de la rana que genera los guarisapos, y así tantas otras calamidades que solo por costumbre se comen.

Quedaron de acuerdo que cuando se muriera alguno que no tuviera enfermedad alguna, se iban a conseguir un pedazo para comérselo asado.

Un día recibió don Ambrosio el llamado de su amigo para cumplir el compromiso. Lo esperaba a la hora de almuerzo. Había comprado un gran pedazo de carne de un animal muerto que lo hizo aliñar con varios condimentos raros para que tuviera también un sabor raro. Llegó don Ambrosio y pasaron al comedor y cuando sirvieron el pedazo de asado, un tosido del dueño de casa le hizo saber a don Ambrosio que había llegado el momento de cumplir el compromiso.

-Qué tal el guisito?-, le preguntaban.

-A decir verdad, no es tan malo que digamos-, y apenas lo había probado: -pero yo no como más.-

Una carcajada se hizo sentir y luego la explicación del dueño de casa:

-Cómo se le ocurre don Ambrosio que yo le iba a servir carne humana?-

LA FALTA DE PODERES

En la Plaza de Armas en la pieza que ocupa la Botica, se había instalado una mesa electoral, cuyo presidente era muy macuco por lo cual destinaron los contrarios al mejor apoderado. Al instalarse la mesa se pidieron los poderes y naturalmente todos los presentaron.

-Muy bien, dijo el presidente, pueden tomar asiento-, y el presidente pasó los poderes al secretario, quien los guardó sin dejar de ellos constancia en el acta. Sin incidentes se desarrolló la votación y cuando llegó la hora del escrutinio, el Presidente ordenó cerrar la puerta despejando la sala..

-Pero yo soy apoderado y puedo quedarme-, dijo Víctor Santibáñez.

-Claro que sí, pero debe presentar su poder-

-Pero si se lo pasé al abrirse la votación en la mañana y el secretario lo guardó-

Que dice el Secretario: -Que yo no he visto poder alguno-

-Entonces iré a buscar otro que nada me cuesta.-

Y salió en su busca. Mientras tanto el Presidente ordenaba al guardia no abrir a nadie la puerta hasta que no terminara el escrutinio, el que se hizo como Dios manda. Al poco rato volvió Santibáñez con un nuevo poder pero golpeaba inútilmente, pues el Presidente sufría en ese instante una sordera atroz y el escrutinio terminó sin que el candidato Santibáñez obtuviera un solo voto en esa mesa.

QUE TE FALTA PUES LUCO

Después de haberse cacharpeado con la platita que le produjo la venta de unos limones llevados desde Pencahue, se paseaba muy orondo por el Pasaje Matte un hijo de San Vicente y en cada uno de los espejos que hay allí se detenía a mirarse y exclamaba: ¡Qué te falta pues Luco!

Un amigo que lo miraba no pudo menos que detenerse y tocándole el hombro le dijo:

-El talento, pues bruto!-

PRIMERO PASA UN BISQUERTT

En el paso a nivel que hay en la calle Riquelme se habían bajado las barreras porque venía un tren por la línea, cuando la guarda vía ve que un auto se detiene y un caballero que lo maneja pregunta en alta voz:

-¿Es tren de pasajeros o de carga el que viene por la línea?-

-De carga, le responde la guarda-vía

-Entonces no puede pasar antes que pase un Bisquertt!-

Y de un golpe del auto saltaron las barreras despedazadas, logrando pasar al pelito, sin que el tren de carga le alcanzara a tomar el auto.

Al día siguiente se fue a la estación a pagar el perjuicio por no haber dejado que un simple tren de carga pasara antes que un Bisquertt por el paso a nivel de la calle Riquelme

EL RASPADO DE LA PAVIMENTACIÓN

Un alcalde de Rengo, tenía completamente prohibida la raspadura de la pavimentación que se hace en la noche para limpiarla , porque no lo dejaba dormir.

En cierta ocasión que se recogía tarde de la noche acompañado de unos amigos, vecinos de su casa, lo dejaron que subiera las escalinatas y ellos entraron a la casa de uno de ellos, y calculando que el Alcalde ya estaría en brazos de Morfeo, salieron a la calle y principiaron a raspar el pavimento con toda furia.

Al sentir el Alcalde el ruido que tanto le molestaba, saltando de la cama tomó una escopeta y por la ventana disparó dos tiros al aire.

Una carcajada de los amigos fue el epílogo de la broma.

LA SEGURIDAD ELECTORAL

Arturo Rosales pretendió en una ocasión ser regidor en la Municipalidad de Rengo y solicitó de sus amigos toda cooperación.

En el día de la elección se situó en la esquina sur oriente de la Plaza, a media cuadra de las mesas que funcionaban en la Municipalidad. Todo el que pasaba y era amigo le pedía un voto con su nombre. Rosales lo anotaba. A las doce del día ya se creía seguro y a los que venían a pedirle voto se los negaba porque creía era perderlos. Tenía seguros más que los indicados para salir de regidor con la primera mayoría.

Llegó la hora del escrutinio y Rosales no obtuvo ni la mitad de los que eran necesarios y se perdió.

Tal es la seguridad en las elecciones antes que ellas se verifiquen, y eso que las mesas estaban solo a media cuadra del candidato

EL ENEMIGO A LA VISTA

Siempre ha siso el pueblo de Rengo como nos lo pinta el Poeta de Colchagua, don Tristán Gálvez Palma:

Con perspectiva muy bella

Tiene Rengo hermoso valle

Pero muy obscura estrella:

No habiendo más que una calle

Todos se pierden en ella

Y esta calle es la que en otro tiempo fuera el cauce del río Claro, en cuyas márgenes el Presidente de Chile don Tomás Marín de Poveda en 1692 mandara fundar un centro de población, para que tuvieran donde descansar o pernoctar los viajeros que hacían sus largas caminatas a lo largo del territorio chileno, y a la que le dio el nombre de "Lugar del Río Claro"

Como los viajeros del Norte, sin más brújula que las sobresalientes puntillas de los cerros, atravesaban los áridos campos de Requínoa siguiendo la senda llamada Matabellacos, obscurecida por los no interrumpidos bosques de pataguas en Pichiguao, y de lingues al Sur de Pelequén, deseaban llegar cuanto antes al Lugar de Río Claro, el Director Supremo don Ramón Freire, con fecha 22 de Julio de 1825, le cambió este nombre por el de Villa Deseada.

Era esta Villa, en aquella época, un verdadero oasis, no solo para los extenuados viajeros del Norte, sino también para los del Sur, que tenían que cruzar los yermos parajes de Los Barriales y los cenagosos de Pelequén, para poder llegar hasta ella, cuya calle principal había sido delineada por el propio Río Claro a orilla de cuyos barrancos los precavidos habitantes tenían sus casas construidas como si fueran de dos pisos, por ser la calle un abismo y las aceras en balcón volado, para defenderse de las crecidas invernales.

Solamente el 17 de Septiembre de 1831, don Fernando Errázuriz, en la víspera de entregar el mando Supremo al General Prieto, bautizó con el nombre de Rengo, en homenaje al famoso lugarteniente del heroico defensor de la independencia araucana, el bravo Caupolicán a esta villa, la que después por decreto de 7 de Agosto de 1855 el Presidente don Joaquín Pérez le diera el nombre de ciudad.

Pues bien, en 1859 y siendo Gobernador de Rengo don Manuel Portales, hermano del famoso estadista don Diego, recorría la provincia de Colchagua, en una época de revoluciones, el Presidente don Manuel Montt, cuando al pasar por el cauce seco del Río Claro, en lo que hoy se llama la curva, el Gobernador Portales, con cierto aire cómico, le dice al Presidente:

-Excelencia, El enemigo a la vista!

-¿Y por dónde viene?, le pregunta lleno de inquietud

-Por allí, le dice Portales, señalando el cauce seco del Río. El enemigo de Rengo es el Río Claro, que todos los años sale por la calle del pueblo y anda por donde quiere, mientras que los habitantes lo hacen por donde pueden.

Tranquilizado el Presidente Montt, el que en un principio creyó que alguna montonera política le acechaba a su paso, prometió al Gobernador Portales exterminar al enemigo de Rengo. Y en efecto, a los pocos días después llegaba a Rengo una comisión encabezada por el ingeniero Lazaeta, la que no solo inició los estudios del caso, sino que inmediatamente se comenzaron los trabajos para construir unos malecones que obligaran al río Claro a cambiar de rumbo, como efectivamente sucedió, ubicándose en el cauce del estero Larrea, que es por donde corre hasta nuestros días.

LOS PRIMEROS DEMÓCRATAS RENGUINOS

Corría el año 1890 y era Gobernador de Rengo don Daniel Morán, la autoridad más distinguida y estimada que jamás haya tenido departamento alguno de Chile.

El partido Demócrata comenzaba su vida política organizando agrupaciones en los distintos pueblos de la República y habían fijado el primer Domingo del mes de Agosto la fecha en que debía fundarse en Rengo; pero algunos vecinos, de acuerdo con las autoridades, se propusieron frustrar la organización de esta nueva entidad política en Caupolicán.

Como según la tradición indígena son los chancahuinos descendientes directos de los más tenaces defensores de la provincia de los promaucaes y los que mayor resistencia opusieron a Singuiruca, generalísimo del poderoso ejército de los incas, conservando incólume su fama de audaces y atrevidos, se mandó un propio al rincón de Chanqueahue en busca de uno de éstos, y lo encontraron el viejo arriero Hilario Lobos, a quien le designaron capitán de asalto y le impartieron las órdenes del caso. Mientras tanto el Gobernador citaba al Batallón Cívico de Rengo a ejercicios e invitaba al pueblo a un campeonato de tiro al blanco en la Pampa, que en aquel entonces lo era el terreno municipal de la Curva.

Cuando el Ordinario de Chillán se detuvo en la Estación de Rengo el Primer Domingo de Agosto de aquel año, en la plataforma del carro apareció la Delegación del Partido Demócrata que venía de la Capital a organizar en nuestro pueblo la primera agrupación. El recinto de la Estación estaba desierto, pues al compás de las marchas de la excelente banda de músicos que dirigía el primero Orellana, todo el pueblo había seguido al Batallón, cuando éste abandonó su cuartel de la calle San Pablo para dirigirse a la Pampa; pero en cambio allí estaba Hilario Lobo, el viejo arriero chanquiahuino, con su gran recua de burros, cada uno de los cuales llevaba a manera de capachos, unas latas con un letrero que decía "Yo soy demócrata".

El gran tribuno don Malaquías Concha, que presidía la delegación santiaguina, sin inmutarse, y con cara sonriente, se descubrió la cabeza y con gran parsimonia exclamó en alta voz:

-En el primer burro que tengo a la vista, saludo al seños Gobernador, y en los demás a todas las autoridades y personas caracterizadas de este pueblo asnal.

Y descendiendo del carro a la cabeza de su comitiva tomó por la Alameda en dirección a la Plaza de Armas, escoltado de cerca por la recua de burros del arriero Hilario Lobo, que no le perdía pisada. Cuando la Delegación iba a cruzar la calzada Norte de la Plaza para seguir por la calle Prat, el arriero Hilario clavó espuelas a la burra madrina que montaba, y arremetió contra el portaestandarte arrebatándole el pabellón, emblema de la naciente ideología demócrata, y arrancando por la calle Urriola, como ánima que lleva el Diablo, le siguieron en orden disperso todos los burros, que con el ruido de las latas y una de rebuznos formidables, formaban una algaraza de los mil demonios.

Cuando al caer la tarde de aquel día se daba por terminado el concurso de Tiro al Blanco y el Batallón Cívico se preparaba para regresar a su cuartel de San Pablo, se vio llegar a la Pampa de la Curva al viejo arriero chanquiahuino, seguido por su inseparable recua asnal, que iba a depositar su trofeo de guerra a los pies del Gobernador Morán, y se le oyó decir:

-Los primeros demócratas renguinos, señor Gobernador, han cumplido con su deber y os traen el emblema de su nueva ideología

Y como signo de aprobación se elevó al cielo un coro de rebuznos, y luego al galopito corto, la recua del arriero Hilario se alejó de la Pampa para volver a su caserío del Rincón de Chanquiahue, y seguir en su tranquila tarea de bajar leña desde lo alto de Huilquio.

EL BUEN OJO DEL GOBERNADOR

En 1912 era Gobernador de Rengo un caballero que todos los días Domingo se le veía salir muy de mañana con su arrea de caza y escoltado por su asistente el cabo Mora, y luego regresar por la tarde con su morral repleto de perdices. Si a esto se agrega que en todos los concursos de tiro al blanco se sacaba todos los años el primer premio, se comprenderá con qué razón era tradicional en Rengo el buen ojo del Gobernador.

Pero como nunca falta un roto para un descosido, no faltó quien dijera haber visto al Gobernador dormitando a la sombra de un espino, mientras el cabo Mora se dedicaba a llenar de perdices el morral del Gobernador. Menos mal que las perdices, bien escabechadas por la propia mano de la señora del Gobernador, se las ofrecía a los renguinos en las numerosas fiestocas que antes era costumbre dieran los Gobernadores con cualquier motivo.

Como sucede en todo pueblo chico, nunca falta un grupo de cortesanos que le llevan el amén a la autoridad y que se encargan , con su boca rota, de pregonar las bondades y bellas prendas que adornan al Soberano del pueblo; y eran estos los que más hacían resaltar la buena puntería del Gobernador. Pero como tampoco nunca faltan los incrédulos, no faltó quien dudara de tanta bondad y para demostrarle al pueblo que nunca es oro todo lo que relumbra, se propuso hacerle una jugada al propio Gobernador.

Se efectuaron en los días del dieciocho un concurso de tiro al blanco al pié del cerro Las Ánimas en el portezuelo de Santa Rosa de Pelequén. Cuando se iba a dar comienzo al campeonato, y naturalmente, al Gobernador, como primera autoridad le correspondía romper el fuego, uno de sus cortesanos se adelanta para poner en sus manos el rifle con que se iba a iniciar el tiro; pero el Presidente del Club, que lo era el inolvidable filántropo don Juan Egenau, le dice en forma repentina:

-Gobernador, creo que ese rifle está descalibrado, espérese.

Y quitándoselo de las manos se adelanta y comienza a disparar con él. Cinco famas seguidas anunció el marcador que siempre era el Cabo Mora, asistente del Gobernador.

-Estaba equivocado, Gobernador, el rifle no puede estar mejor y aquí lo tiene, le dice don Juan.

Dispara enseguida el Gobernador y solo "huevo" y "huevo" indica el señalero con las banderolas

--Parece que el tradicional buen ojo del señor Gobernador, se ha echado a perder por esta vez, le dice socarronamente Don Juan, y el premio se le va volando.

Así parece, respondió todo ajisado el Gobernador, pero lo que no se va a volar son los 15 días de arresto al señalero por no haber adivinado que por esta vez me ha correspondido disparar en segundo lugar....!

LA ÚNICA VANIDAD

Allá por el año de la revolución a Balmaceda vivía en Rengo una familia de linajuda prosapia, que auque había tenido numerosa descendencia, la coronta se había desgranado y solo quedaba Laurita, la que a pesar de su edad provecta, como buena hija de Eva, aún se creía , a través del cristal de Cupido, una sílfides voluble impalpable y misteriosa, y por lo tanto, enamorada de sí misma.

Por aquel tiempo había llegado al Liceo Alberto el Poeta, discípulo de Apeles y Miguel Ángel, y que traía fama de gran artista en el arte de los pinceles.

Cierto día en que el pintor se encontraba repantigado en su butaca, entre bocetos y cuadros, buscando en la lectura de Alfonso Karr una inspiración que le permitiera pintar en ruido de la brisa, el silencio de la montaña, el lenguaje de las flores o el rostro de una mujer bonita con pretensiones de hechicera, sintió que la puerta se abría y que la silueta vaporosa de Laurita se dibujaba en el dintel.

--Vengo atraída por su fama, a solicitar de usted un boceto de mi retrato.

--¡Enhorabuena! Señorita, sírvase colocarse en pose.

Como Laurita era una verdadera ardilla con faldas comenzó con una postura alegre y jovial, la que luego cambió por otra de carácter romántico, con mirada lánguida, triste y pensativa. Si en la primera parecía una monjigata arrancada del colegio, en la segunda era ver a Santa Cecilia con ojos clavados en el cielo.

--Señorita, si desea un buen boceto, le recomiendo que tome una postura natural.

--Bueno, aquí me tiene a la negligé. Y cerrando los ojos despectivamente, apretando un poco los labios, dejó que un rizo cayera sobre su frente. Pero antes que el pintor concluyera el boceto, ya Laurita estaba a su lado y le decía:

--¡Por Dios! Señor Artista, me ha dejado como una vulgar campesina, ¡qué horror! Creo que la primera pose era mucho mejor. Y arreglándose de nuevo el pelo y tomándose cierto aire majestuoso, le dice al Pintor:

--¡Empezad de nuevo!

Alberto el poeta recoge sus pinceles nuevamente y bosqueja un nuevo retrato.

--No olvidéis el verde esmeraldino de mis ojos, ya que mi única vanidad es la de creer que ellos no son tan feos que digamos!

--Señorita, si esto es tan solo es un bosquejo

--Ni en un bosquejo permito que me saquen con una boca que parece que voy a tragarme una ballena.

--Si quiere la pinto sin boca?

--Agradezco, pero no acepto el consejo, porque cuando una tiene poco de bueno, es excusable que dañen hasta los artistas las dimensiones de la boca.

El pobre pintor borra otra vez el bosquejo empezado

--¡Bien decía yo que la primera pose era la que más me asentaba!

--Tomad cualquiera, señorita, pero tomadla en definitiva. Y Laurita se pone entre alegre y seria, ya como tímida colegiala, ya como princesa destronada.

El pintor cree haber clavado la rueda de la fortuna y se apresura a cogerla al vuelo para bosquejar su fisonomía. Y cuando se considera satisfecho, creyendo haber vencido, oye a Laurita exclamar de esta manera

Hola señor Pintor!, Parecéis muy contento de vuestra obra, pero me permitiréis hacerle una crítica: mis ojos son más expresivos, mis orejas no son tan grandes y mi boca no es un tajo sin vida sin agitación, sino que ella es un nido de besos que pugnan por echarse a volar. ¡Oh! Los artistas no comprenden la pena que da un retrato donde no pueden verse los dientes, sobre todo cuando ellos no se deben al dentista, sino a Dios!

--Señorita, borraré el bosquejo y os retrataré cantando para que así los podáis lucir mejor.

--Conforme, porque talvez ignoráis que mi única vanidad es la de creer que si no canto como la Patti, tampoco soy inferior a ella. Yo no sé porque los artistas nunca pueden hacerme un buen retrato, que sea fiel reflejo de mi organismo.

El pobre Pintor comenzó un nuevo bosquejo en el cual aparecían las perlas de su dentadura, y sin embargo, Laura lo detuvo.

--¡No sigáis o más bien no principiéis así! Habéis olvidado que yo no quiero parecer como monja de caridad; yo no paso por tener un cuello que si no es de nieve, tampoco es más obscuro que ella; pero las perlas de mi collar me sientan maravillosamente y si puedo tener un relámpago de vanidad, el está fundado en quien yo soy la que soy!

--Señorita, de cualquier manera que os retrate, siempre quedareis encantadora!

--¡No digáis eso! Sabed que tengo horror a los cumplidos lisonjeros.

--Pero en fin, ¿cómo queréis que os retrate?

--Mi única vanidad es la de tener un retrato tal cual soy: modesta como aldeana, altiva como reina, apasionada como Safo y con voz no inferior a la Patti.

El Pintor arrojó lejos los pinceles, y Laura abriendo desmesuradamente los ojos, desapareció del taller del Artista, cabizbaja y pensativa...!

LA CUNA DE LA AVIACIÓN CHILENA

Péomo, como se llamaba primitivamente a la que fue capital del departamento de Cachapoal, en la antigua provincia de O’Higgins, y cuyo nombre indica la clase de árboles que cubrían sus tierras y que sirvieron a los españoles para transformar los cueros de las cabras en cordobanes; Péomo que en las postrimerías de la Colonia y en la primera edad de la República, tuvo gran celebridad gracias a la palabra elocuente del gran doctrinero de esa parroquia don Antonio de Zúñiga, que en los días festivos enseñaba las mejores máximas para alcanzar la vida eterna; y que estableció una beatería para recluir a las Magdalenas arrepentidas de haber llevado una vida descuidada...; y a donde vinieron a terminar sus días tres nobles señoras de la familia Carvajal, parientes cercanas del Rey Carlos III; Péomo que en su pico más alto de su Gulutrén tiene una cruz de fierro que la repuntan los peomenses como la primera y única maravilla de toda la provincia, ¡Péomo es también la cuna de la aviación chilena!

Si Leonardo de Vinci en las postrimerías del siglo XV, inventó un aparato en el cual se podía volar, Colina Labarca, a fines del siglo XIX ideó otro con igual objeto.

Catecúmeno de un convento dominicano, salió de allí con más corona que sabiduría y desengañado de la vida del claustro pretendió recompensarla engañando a sus semejantes.

Con gran ahínco se propuso resolver el arduo problema de elevarse en el aire como cualquier pajarraco. ¿Por qué, decía, el chercán, un miserable pajarillo pudo dominar al elemento gaseoso, y el hombre, rey de la creación, no puede hacerlo?

Y se pasaba los días de claro en claro y las noches de turbio en turbio, estudiando la mejor forma para despejar esta incógnita, valiéndose de una infinidad de aves que había hecho encerrar en una gran pajarera, y cuya manera de volar iba estudiando una a una. Hasta que un día creyó haber descubierto la piedra filosofal, al considerar que el tiuque era el ave que mejor podría servirle de modelo por su tranquila y despectiva manera de volar; y descogotándolo sin compasión, le sacó con gran cuidado las dos alas, calculó sus dimensiones con relación al peso del cuerpo, y confeccionó, con gran cantidad de plumas de ganso, otras idénticas en relación con su propio peso.

Cuando consideró que todo estaba listo, fijó la fecha para el primer ensayo de su gran descubrimiento, y naturalmente que todos los peomenses se dieron cita para presenciar tan fausto acontecimiento, que le darían honra y prez a los hijos del Gulutrén.

Era un 4 de Octubre de 1896, día de San Francisco de Asís, y la finca de Colina Labarca, que estaba en el barrio de Aguas Claras, rebosaba de peomenses. Vestido ceremoniosamente con los restos de su indumentaria claustral, se presentó Colina Labarca ante sus coterráneos, los que lo recibieron con una colosal manifestación de entusiasmo, y en el acto comenzó a treparse por una escala que tenía afirmada sobre un añoso palto. Allí se puso las alas que le dieron al momento apariencia de un enorme ganso, y ordenando quitar la escala, se irguió, abrió las alas y a la manera de un graznido exclamó:

--¡Sin Dios ni Santa María!... y se lanzó al espacio.

Una quebrazón de ramas fue el elocuente resultado del gran descubrimiento, porque Colina Labarca, en vez de elevarse como tiuque, tranquila y despectivamente, se vino guarda abajo con gran estruendo, quedando milagrosamente encajado en una rama, como cuenta Ercilla lo fue Caupolicán en una quila.

Y así terminó, a fines del siglo pasado, la primera tentativa en América, para imitar el vuelo de los pájaros, y razón tienen las comadres de Aguas Claras para decir que las lumbreras de Péomo, si hubieran dado fuego, habrían iluminado con sus resplandores la cruz del Gulutrén

LAS MUJERES SON EL DIABLO

En el antiguo valle del "manantial de los mochuelos", que los indígenas llamaban Copequén, al Sur Poniente de la puntilla de Guilolmo, estaba la misteriosa laguna de Cachantú, cuyas aguas gelatinosas tenían fama de hacer volver la perdida juventud, aún a las indias más carcomidas por el tiempo y la garúa. De ahí las grandes peregrinaciones de la indiada de la provincia de los promaucaes hacían a la laguna para recuperar lo que hoy pretende en vano devolver la falda a los escoceses, la melena a lo muchacho, y más que todo el inútil y pernicioso embetunado a lo artista de circo arrabalero. ¡Cómo sería la fama de la bondad de esta agua de Cachantú, que llegó hasta el cielo la noticia y llenó de júbilo al anciano de San Pedro! Inmediatamente elevó a la Corte Celestial una solicitud pidiendo su feriado legal, pero no faltó quien lo soplara al Padre Eterno que la presidía, que el más asiduo visitante de Cachantú era Satanás, el que gracias a esta agua se mantenía como solterón empedernido, más fresco y lozano que una lechuga recién cortada, y de ahí que no se diera lugar a ella, mientras no se confirmara la efectividad de los hechos, para lo cual la corte comisionó a su propio presidente, el Santo Padre, para que en rápida gira por la Tierra se impusiera de visu e informara por escrito de los resultados.

Al clarear de un hermoso día se encontraba la indiada de promaucae alrededor de la laguna de Cachantú, entregada por completo a sus abluciones matinales, y en medio de ella sobresalía la fosforescente figura de Satanás, con sus saltos ornamentales, cuando se vio venir por la falda de la cuesta del Tallen, que una a Nalcura con Chiñihue, a dos extraños personajes cabalgando sendas mulitas alazanas. Apenas se dio cuenta Satanás de que uno de esos dos viajeros no podía ser otro que el Padre Eterno, ya que le rodeaba una aurora de luz resplandeciente, cuando montando en cólera como todo bilioso solterón, la emprende a puñete limpio con la primera persona que encuentra a su paso, pero así como cuando menos se piensa salta una liebre, Satanás se encontró con al horma de su zapato en la más formidable mocetona que recuerdan las crónicas indígenas, bajo cuyos puños muchos godos habían pagado con su vida la sed inagotable de riquezas que los consumía, la que le devolvía puñete por puñete, en medio de una rueda de mirones que hacían apuestas por ambos lados.

Al ver el Padre Eterno el altercado que se había formado en la laguna, ordenó a su compañero de viaje, que lo era el Arcángel San Miguel, se adelanta y fuera a apaciguar los ánimos en Cachantú, y no regresara mientras no volviera a reinar la paz y concordia en la Laguna.

El Arcángel picó de galopito corto por los faldeos y pronto pudo imponerse de lo sucedido, y como buen militar de las campañas del Diluvio, desenvainó la cimitarra que siempre llevaba al cinto, y de un solo golpe hizo saltar lejos las dos cabezas de los combatientes. La muchedumbre impresionada puso pies en polvorosa, y el Arcángel muy satisfecho volvió al encuentro del Santo Padre

"Pero qué has hecho Hijo mío?, le dijo éste al verlo

"Poner paz y concordia en Cachantú.

"Pero esa no es la manera de hacerlo. Vuelve, que yo remediaré el mal, Junta las dos cabezas a los cuerpos y me avisas.

Malhumorado picó de nuevo el Arcángel por la misma ladera del cerro, y tomando la primera cabeza que encontró a su paso, se la acercó al primer cuerpo con que tropezó, y la segunda se la puso al otro. Avisado el Padre Eterno con soplo del devolvió la vida, pero ¡he calamidad!, El Arcángel se había equivocado, y Satanás se alzó con cabeza de mujer y la india con la de aquel.

Y desde entonces cuentan los Huailenes y Guaequiantes de Copequén, que fama en Cachantú que las mujeres son el diablo, y agregan que el cuadro bíblico que representa esta tradición fue tomado original en Cachantú.

SANTA ROSA DE PELEQUÉN

Pelequén o Pelenquero, como decían en antaño, es una voz quechua formada de "pele" (barro) y "quen" (laguna. Y en verdad, los que tengan que traficar por el caserío de este nombre, que hoy se llama Pelequén Viejo, les será difícil zafarse de los barrizales que interrumpen todo tránsito por dicha zona. El Pelequén actual se formó cuando llegó el ferrocarril a esta parte, y naturalmente tomó rápido incremento superando bien pronto al caserío antiguo por donde pasaba la senda que iba del lugar de Río Claro a Mallohue

Cuentan que en una ocasión el Gran Mariscal de Campo don Ambrosio O’Higgins pasaba en su birlocho por estos barrizales y la noche se le vino encima, viéndose obligado a pernoctarse en casa de una familia de apellido Riquel que era las más acomodadas de la comarca. Y cuentan que fue allí donde conoció a doña Isabel Riquelme, aristócrata dama chillaneja, que de paso se encontraba en casa de sus parientes de Pelequén, y de quién fue hijo, según la Historia, el primer Presidente de Chile don Bernardo O’Higgins.

Cuando el joven Mariscal continuó viaje al día siguiente hacia la Frontera, dejó olvidada en su cuarto donde alojara, una imagen de madera tallada en Quito, que representaba al Niño Dios, y que acostumbraba llevar siempre consigo. Como hueso santo conservaron durante muchos años este histórico recuerdo, el que iba dándose de padres a hijos, sin que por ningún motivo saliera de la familia Riquel, que hoy se ha transformado en Riquelme, cuyo entroncamiento con el Gran Mariscal, auque clandestino, les llena de orgullo y satisfacción, hasta que vino a caer en manos de Rosita, una chicuela que más parecía cholita de Azapa que Dulcinea del Huiñico, pero descendiente en línea recta de la que por tomar la curva dio el mejor producto de la Patria Vieja, Y como rosita era una flor sin espinas, no podía faltarle su moscardón, de esos que siempre buscan el néctar de la vida en el capullo más lozano del jardín.

En cierta ocasión en que toda la familia de Rosita había salido para el convento de San Antonio, que los Padres Franciscanos habían construido al pié del Sol Pintado, en Malloa, y que a decir de Fray Diego de Córdoba y Salinas, sólo se ocupaban de continuas misiones para los indios, el moscardón de Rosita, que había llegado a ser muy de la casa, como ocurre siempre con esta clase de mosquitos, se aprovechó de las circunstancias para entrar en ella, y tomando en sus manos al Niño Dios, con un cortaplumas comenzó a modificarle las facciones y a podarle todo lo que le pareció superfluo. Y como en verdad era un artista en tallado de madera, cuando terminó su obra notó que sin quererlo había modelado las facciones de Rosita, y devolviéndolo al altar de donde lo tomara, se alejó de la casa de su amada..

Cuando al caer la tarde de ese mismo día, la familia Riquel se reunía para rezar el consabido e indispensable rosario, un grito de sorpresa se escapó de todas y cada una de las mironas, al ver que la imagen del Niño Dios, no solo había cambiado de sexo, sino que era el vivo retrato de Rosita.

Milagro patente! Exclamaron de voz en cuello y el eco repercutió como por encanto en contorno de las treinta leguas que según el Itmo. Señor Humanzorro, comprendía el curanto de la doctrina de Malloa, el que estaba a cargo del doctrinero don José Alvarez de Toledo, el mismo que destinó el último resto de su patrimonio para adquirir el terreno y construir la actual casa parroquial, que aunque modernizada, existe hasta la fecha a la sombra de seculares palmeras de Malloa

Desde aquel día comenzó la devoción por la nueva imagen milagrosa que fue confirmada con el nombre de Santa Rosa, por el gran parecido que tenía con la cholita Riquel: pero el Doctrinario dispuso que la Santa, por ser milagrosa, debía ser de propiedad de la Iglesia y ordenó, sin mayores trámites, su traslado a ella. La familia Riquel pretendió oponerse, pero la voluntad de Alvarez de Toledo era en aquellos tiempos una órden fulminante, y la Santa, quiera que no quiera, hobo de caminar hacia la Iglesia de las palmeras. Con tal motivo se originó un litigio que duró muchos años porque a la Autoridad Eclesiástica no le convenía resolverlo, hasta que las partes, de común acuerdo, convinieron en nombrar al presbítero Gaspar Lazo de Balcazar, dueño de la hacienda de Pelenquero, como amigable arbitrador para que desatara el nudo gordiano. Como Lazo de Balcazar estaba para extender escritura de arrendamiento de su hacienda, al Alférez don Diego Gómez de Ruiseñada, por haber sido nombrado sucesor, en la doctrina de Copequén, de Luis de Molina Parraguez, y de ahí que no tuviera empacho para dictaminar en la siguiente forma: "Para que las partes no queden agraviadas con mi resolución y careciendo Pelenquero de una Patrona consagrada, pase la imagen a ser propiedad y patrona de esta iglesia, con el nombre de "Santa Rosa de Pelequén".

Y desde entonces no solo cambió de nombre este nuevo centro de población, sino que las rucas de Pelequén Viejo comenzaron a ser desalojadas y los pobladores a ubicarse lo más cerca posible de la Santa milagrosa, ya que los peregrinos que venían de cien leguas a la redonda, traían sus petacas repletas de cuartillos, no tan solo para pagar a la Santa las mandas hechas, sino también para darse una farra de muchos días, en el transcurso de los cuales hacían su agosto, como lo hacen hasta la fecha los que viven radicados en donde en otras épocas no existía mas que una simple laguna de barro.

EPILOGO

Para acortar las tardes frías y endemoniadas, siempre ha sido costumbre la reunión de garipauchos, cortos de vista, tosedores, y enflemados como ellos solo; y al correr de los tiempos, esa añeja tradición la han heredado, que aunque no frisan en los setenta, van camino de ellos...

¿Qué nadie lo cree? Pues oigan y .... punto en boca.

¡Hola! Cómo te va Pollo Fiambre?

Como siempre Locatelly, el yugo del matrimonio me tiene más jorobado que mi amigo Huevito del Día.

Y qué hay de nuevo por el Pueblo?

Nada que yo sepa. Estamos escasos de noticias, sin embargo luego tenemos casorio.

Y quién es el desdichado, pregunta el Mito

Goyito, el Gringo de la esquina

Vaya con Goyito. No lo creía tan atrevido.. Y la niña es joven?

Así, así. Con la costumbre de "conservar la línea", la edad de las mujeres ha pasado a ser la incógnita más difícil de despejar. Dicen que tiene sus reales.

Vaya con Goyito, y se hacía el de las monjas, comenta el Mano de Angel

Así lo creo , interrumpe Pascual Loro, porque aseguran que es muy dado a empinar el codo

Caba...llero...de gracia...me llaman (entra otro Garipaucho arrastrando los pies con unos libros bajo el brazo)

¡Oh que a tiempo llegas, Tarro con Piedras!, comenta uno

Juguemos un cacho y póngase una botella de rica chicha, don Maximiliano

...............

Y así, en el mesón, con el rodar de dados, entre el chin chin de los vasos se pasan un buen rato, para luego regresar a sus casas satisfechos de haber acortado la tarde......

 

 

Dedicado con especial cariño a Osvaldo y Sarita. Que su memoria quede para siempre impresa en esta páginas. Naturalmente he tratado de plasmar en su justa dimensión la inconfundible prosa llena de giros y poesía que nos legó tan excelsa pluma de Rengo como lo fué mi abuelo Osvaldo Gálvez Román

 

 

Su nieto Valo

2001-08-31